redireccionar, sectorizar, secuenciación

Palabros como direccionar, finalización, secuenciación, sectorizar, y otros muchas, siguen apareciendo en los medios de comunicación, en textos legales, en discursos de políticos y en textos académicos. Aurelio Arteta vuelve a escribir un artículo sobre el uso de esas palabras: los ‘archisílabos‘.

Aquí habíamos copiado los anteriores artículos.

‘Archisílabos’ a tutiplén

A los archisílabos les espera larga vida entre nosotros. Me lo temía al observar que no ha desaparecido del mercado lingüístico ni uno sólo de los varios cientos ya divulgados; o cuando se constata, al contrario, la fruición con que los hablantes los siguen creando o paladeando.

Funcionarios, periodistas, políticos, profesores universitarios y expertos de todo pelaje andan empeñados en inventar o escoger palabras largas que suplanten a otras de igual significado, aunque más breves. Pero la certeza del triunfo del archisílabo la tuve el día en que escuché una diferenciación en boca de un académico de la Lengua…, justo en el momento en que él mismo reprobaba la moda del archisílabo.

Si hasta aquí ha llegado la marea, a lo mejor es momento de entregar otra nueva remesa de estos términos hinchados y con los que buscamos hincharnos. Dado el caso citado, ¿empezaremos con los que se estiran gracias a coser el sufijo -ción a ese cuerpo tenido por raquítico? Pues en esa bolsa se meten en los últimos tiempos la tutorización en vez de la ‘tutoría’, la matización por el ‘matiz’, la exceptuación en lugar de la ‘excepción’, la habituación que es nada más que ‘costumbre’ o ‘hábito’, o la afectación cuando quiere decirse ‘afección’ o ‘daño’. La mayoría prefiere hoy la suposición al ’supuesto’, la titulación al ‘título’, la finalización al ‘final’ y la ejercitación al ‘ejercicio’. Es verdad que, de momento, sólo los más pedantes emplean la secuenciación por la ’secuencia’, la postulación por el ‘postulado’, o la transversalización por vaya usted a saber…, pero la dolencia es contagiosa y todo llegará. El policía ya no le pregunta a uno por su ‘domicilio’, sino por su domiciliación, igual que el funcionario no nos pide el ‘certificado’, sino la certificación.

Bien es verdad que a muchos archisílabos les ayuda la ignorancia de las lenguas clásicas por parte de quienes los acuñan o seleccionan. Y por ahí se nos cuelan la asertación para decir ‘aserción’ o ‘aserto’, así como coaligación para referirse a una ‘coalición’ o la amenaza de excomulgación, no de ‘excomunión’, que lanzaron el otro día contra nuestro presidente del Congreso. Nos enteramos de que el pesquero español sufrió una interceptación de los piratas, porque casi ningún informador sabe construir ‘intercepción’. Los señores de la industria, que antes obtenían ‘financiación’ y ahora hablan de financiarización (¿), nos obsequian un día con la flexibilización de sus plantillas y al otro con una desaceleración de sus ventas. Mientras ellos exigen la desregula(riza)ción, los sindicatos claman contra la fragilización del empleo. Lo de la modelización, francamente,aún no lo he pillado. En cambio, es notorio que la ’síntesis’ ya va para sintetización, la ‘mediación’ asciende a intermediación, el ‘ocultamiento’ muda en invisibilización y hay partidos políticos que acusan a otros de parcialización (quiero suponer que de ’sectarismo’). ¿Entienden entonces por qué el creador del Padre Brown bramaba contra “el polisílabo, ese enorme y viscoso ciempiés…”?

Salta a la vista que otra familia de estos crecidos vocablos florece a una con el gusto por la abstracción que por aquí arrasa, pese al índice de fracaso escolar. En cuanto nos dejan, abandonamos la ‘esencia’ para ir directos a la esencialidad, la ’sustancia’ para atender más bien a la sustantividad, la ‘circunstancia’ para refugiarnos en la circunstancialidad y hasta la ‘diferencia’ palidece ante la diferencialidad.

Las formaciones políticas se disputan la centralidad, no simplemente el centro, y el Gobierno propone políticas de sostenibilidad porque ya no valen las de ’sostenimiento’. Si antes la regla tenía su ‘excepción’, ahora tiene su excepcionalidad. Habrán de saber que la novela actual no cultiva el género de la ‘ficción’, sino el de la ficcionalidad y los mejores novelistas, perdida la ’sutileza’, derrochan sutilidad. Hay muchos que se entregan a su afición con cierta habitualidad, cuando antes se dedicaban a ello con alguna ‘frecuencia’. Bastantes lectores se atienen a la literalidad de lo escrito, en lugar de atenerse a la ‘letra’. Y si ustedes leyeran despacio los prospectos técnicos, se enterarían de que sus aparatos cuentan con un dispositivo de conectividad, o sea, de ‘conexión’; e incluyen mejoras de usabilidad, pero no de ‘uso’…

Unos cuantos verbos (y sus derivados) han sufrido también estiramientos faciales que no siempre les favorecen. Para referirse a ‘toma de conciencia’, se ha pasado desde el feo concienciar de mis tiempos mozos a los aún más horrísonos concientizar y a su correspondiente concientización. Ya tiene también sus añitos el subjetivizar, que nada añade a ’subjetivar’, salvo una sílaba; más recientes son el basamentar por ‘basar’ o el direccionar en lugar de ‘dirigir’ (y con ello el direccionamiento en el sentido de ‘dirección’ espacial). Si ya conocíamos el posicionar, ahora decimos reposicionar para resituar o recolocar; lo mismo que al dimensionar han de seguirle el redimensionar y el redimensionamiento. ‘Plasmar’ se ha esfumado ante el materializar, que vale tanto para cumplir un proyecto como para meter un gol. Imaginen el brillante juego de participios que todo esto permite. Igual que el descenso de temperaturas será siempre generalizado y nunca ‘general’, lo jerarquizado ha desplazado a ‘jerárquico’, lo individualizado a ‘individual’ y lo globalizado a ‘global’.

Junto a múltiples expresiones verbales ya apuntadas en anteriores entregas, se nos vienen encima neologismos temibles. De algunos con los que he topado no sabría dar su versión aproximada, como el confesionalizar o el sectorizar. De otros sólo sé lo que me cuentan: que en Lógica el precioso implicatar alude a ‘implicar’ o ’suponer’ e implicatación a ’supuesto’; o que la jerga judicial y la bancaria han estampado el aperturar porque ‘abrir’ les sabía a poco.

Las variedades de archisílabos son inagotables para un oído al acecho. El mío ha captado este último año que el ‘desplome’ está dejando paso al desplomamiento, que al ‘refuerzo’ muchos prefieren un buen reforzamiento o que un conflicto entre amigos no produce su ‘distancia’, sino su distanciamiento. Conozco a quienes, lejos de haber recibido un buen ‘trato’ en aquel hotel, recibieron un buen tratamiento. El objetivo ‘final’ resulta más pomposo si se vuelve finalista, aun cuando el ‘analista’ se queda corto frente al analizador y el ‘mediador’ o ‘intermediario’ frente al intermediador. Eso sí, al ‘colaborador’ algunos le llaman colaborativo, y, por si les interesa, los faros de mi nuevo coche son adaptativos, no ‘adaptables’. Se habrán fijado que nuestro ejército no cuenta con tantos soldados, sino con tantos efectivos.

Hoy tiende a convertirse todo ‘aislamiento’ en aislacionismo, lo mismo que cualquier ‘reducción’ es fruto de un premeditado reduccionismo o que la ‘oposición’ siempre hace un perverso oposicionismo. Algo tendrán que ver con el saber del ‘empresario’ -emprendedor, ya me entienden- los cursos de emprendurismo, así como el incrementalismo con el que acabo de tropezar seguro que alude a algún ‘aumento’. Me barrunto que sumatorio es como un ’sumario’ pero más largo, de igual modo que la ‘recopilación’ ha dado en recopilatorio. Y puedo asegurarles, en fin, que hay asignaturas universitarias cuyos temas no componen un programa ‘disciplinar’, sino un programa disciplinario.

Ya lo dejó escrito Chesterton: corren tiempos en que “no importa lo que digas mientras lo digas con palabras largas y cara larga”. No les digo más.

Aurelio Arteta es catedrático de Filosofía Moral y Política de la UPV.

AURELIO ARTETA 05/02/2010 El País

Fichajes y películas

En el blog En silicio se comentó, en el mes de junio de 2009, que CR7, o CR9, no era el fichaje más caro de la historia del fútbol. Ahora, con los mismos argumentos, se afirma que Avatar no es la película más taquillera.

Como las noticias van que vuelan en la red, comentarios como esos nos ayudan a pensar. Y no a improvisar y transmitir las noticias que van de aquí para allá, sin reflexión previa ni posterior.

¿acuerdos puntuales?

Así define el Diccionario de la Real Academia la palabra puntual:

Puntual:

1. Pronto, diligente, exacto en hacer las cosas a su tiempo y sin dilatarlas.

2. Indubitable, cierto.

3. Conforme, conveniente, adecuado.

4. Perteneciente o relativo al punto.

Como adverbio, puntual significa «a tiempo, a la hora prevista». Por ejemplo:

Tú siempre llegas puntual, y yo tarde.

Por tanto, no se puede hablar de acuerdos, ni de conversaciones, ni de decisiones “puntuales”, sino de acuerdos parciales o concretos.

De todas formas, el Diccionario panhispánico de dudas aclara que:

“No hay por qué censurar su empleo, muy extendido hoy, con el sentido de ‘aislado o concreto, limitado a un caso individual’:«Es posible que se trate de un problema puntual, muy preciso y concreto»”

Qué modernos somos

Llamazares es un escritor, además de un político al que el FBI le jugó una mala pasada. El escritor, no el político, redactó un simpático artículo sobre el uso excesivo de palabras extranjeras en español.

Os dejo con el artículo:

Modernos y elegantes

Desde que las insignias se llaman pins; los homosexuales, gays; las comidas frías, lunchs, y los repartos de cine, castings, este país no es el mismo. Ahora es mucho más moderno. Durante muchos años, los españoles estuvimos hablando en prosa sin enteramos. Y, lo que es todavía peor, sin darnos cuenta siquiera de lo atrasados que estábamos. Los niños leían tebeos en vez de comics, los jóvenes hacían fiestas en vez de parties, los estudiantes pegaban posters creyendo que eran carteles, los empresarios hacían negocios en vez de business, las secretarias usaban medias en vez de panties, y los obreros, tan ordinarios, sacaban la fiambrera al mediodía en vez del catering. Yo mismo, en el colegio, hice aerobic muchas veces, pero como no lo sabía –ni usaba, por supuesto, las mallas adecuadas–, no me sirvió de nada. En mi ignorancia, creía que hacía gimnasia.

Afortunadamente, todo esto ya ha cambiado. Hoy, España es un país rico a punto de entrar en Maastrich, y a los españoles se nos nota el cambio simplemente cuando hablamos, lo cual es muy importante. El lenguaje, ya se sabe, es como la prueba del algodón: no engaña. No es lo mismo decir bacon que tocino –aunque tenga igual de grasa–, ni vestíbulo que hall, ni inconveniente que handicap. Las cosas, en otro idioma, mejoran mucho y tienen mayor prestancia. Sobre todo en inglés, que es el idioma que manda.

Desde que Nueva York es la capital del mundo, nadie es realmente moderno mientras no diga en inglés un mínimo de cien palabras. Desde ese punto de vista, los españoles estamos ya completamente modernizados. Es más, creo que hoy en el mundo no hay nadie que nos iguale. Porque, mientras en otros países toman sólo del inglés las palabras que no tienen –bien porque sus idiomas son pobres, cosa que no es nuestro caso, o bien porque pertenecen a lenguajes de reciente creación, como el de la economía o el de la informática–, nosotros, más generosos, hemos ido más allá y hemos adoptado incluso las que no nos hacían falta. Lo cual demuestra nuestra apertura y nuestra capacidad para superarnos.

Así, ahora, por ejemplo, ya no decimos bizcocho, sino plum-cake, que queda mucho más fino, ni tenemos sentimientos, sino feelings, que es mucho más elegante. Y de la misma manera, sacamos tickets, compramos compacts, usamos kleenex, comemos sandwichs, vamos al pub, quedamos groggies, hacemos rappel y, los domingos, cuando salimos al campo –que algunos, los más modernos, lo llaman country–, en lugar de acampar como hasta ahora, vivaqueamos o hacemos camping. Y, todo ello, ya digo, con la mayor naturalidad y sin darnos apenas importancia.

Obviamente, esos cambios de lenguaje han influido en nuestras costumbres y han cambiado nuestro aspecto, que ahora es mucho más moderno y elegante. Por ejemplo, los españoles ya no usamos calzoncillos, sino slips; ya no nos ponemos ropa, sino marcas; ya no tomamos café, sino coffee, que es infinitamente mejor, sobre todo si va mojado, en lugar de con galletas, que es una vulgaridad, con cereales tostados. Y cuando nos afeitamos, nos ponemos after-shave, que aunque parezca lo mismo, deja más fresca la cara.

En el plano colectivo ocurre exactamente lo mismo que pasa a nivel privado: todo ha evolucionado. En España, por ejemplo, hoy la gente ya no corre: hace jogging o footing (depende mucho del chándal y de la impedimenta que se le añada); ya no anda, ahora hace senderismo; ya no estudia: hace masters; ya no aparca: deja el coche en el parking, que es muchísimo más práctico. Hasta los suicidas, cuando se tiran de un puente, ya no se tiran. Hacen puenting, que es más in, aunque, si falla la cuerda, se matan igual que antes.

Entre los profesionales, la cosa ya es exagerada. No es que seamos modernos; es que estamos ya a años luz de los mismísimos americanos. En la oficina, por ejemplo, el jefe ya no es el jefe; es el boss, y está siempre reunido con la public-relations y el asesor de imagen o va a hacer business a Holland. En su maletín de mano, al revés que los de antes, que lo llevaban repleto de papeles y de latas de fabada, lleva tan sólo un teléfono y un fax-modem por si acaso. La secretaria tampoco le va a la zaga. Aunque seguramente es de Cuenca, ahora ya no lleva agenda ni confecciona listados. Ahora hace mailings y trainings -y press-books para la prensa-, y cuando acaba el trabajo va al gimnasio a hacer gim-jazz o a la academia de baile para bailar sevillanas. Allí se  encuentra con todas las de la jet, que vienen de hacerse liftings, y con alguna top-model amante del bodyfitness y del yogourt desnatado. Todas toman, por supuesto, cosas light, y ya no fuman tabaco, que ahora es una cosa out, y cuando acuden a un cocktail toman bitter y roastbeef, que, aunque parezca lo mismo, es mucho más digestivo y engorda menos que la carne asada.

En la televisión, entre tanto, nadie hace entrevistas ni presenta, como antes, un programa. Ahora hacen interwiews y presentan magazines, que dan mucha más prestancia, aunque aparezcan siempre los mismos y con los mismos collares. Si el presentador dice mucho O.K. y se mueve todo el rato, al magazine se le llama show –que es distinto que espectáculo–, y si éste es un show heavy, es decir, tiene carnaza, se le adjetiva de reality para quitarle la cosa cutre que tendría en castellano. Entre medias, por supuesto, ya no nos ponen anuncios, sino spots, que, aparte de ser mejores, nos permiten hacer zapping.

En el deporte del basket –que antes era el baloncesto–, los clubs ya no se eliminan, sino que juegan play-offs, que son más emocionantes, y a los patrocinadores se les llama sponsors, que para eso son los que pagan. El mercado ahora es el marketing; el autoservicio, el self-service; el escalafón, el ranking; el solomillo, el steak (incluso aunque no sea tártaro); la gente guapa, la beautiful, y el representante, el manager. Y desde hace algún tiempo, también, los importantes son vips; los auriculares, walk-man; los puestos de venta, stands: los ejecutivos, yuppies; las niñeras, baby-sitters, y los derechos de autor, royalties. Hasta los pobres ya no son pobres. Ahora los llamamos homeless, como en América, lo que indica hasta qué punto hemos evolucionado.

Para ser ricos del todo y quitarnos el complejo de país tercermundista que tuvimos algún tiempo y que tanto nos avergonzaba, sólo nos queda ya decir siesta –la única palabra que el español ha exportado al mundo, lo que dice mucho en favor nuestro– con acento americano.

Julio Llamazares, El País, 13-05-93

¿Extrovertido o extravertido?

En la calle existe cierta confusión sobre la forma correcta de una pareja de palabras que utilizamos para caracterizar a las personas como sociables y comunicativas, o como poco sociables y poco comunicativas: son las palabras extravertido e introvertido.

Se oye tanto extravertido como extrovertido; y lo mismo ocurre con sus contrarios: aparece tanto intravertido como introvertido. ¿Cuáles son las formas correctas?

La persona sociable y comunicativa es una persona que mira hacia fuera. El prefijo latino que recoge este significado es extra- que significa ‘fuera de’ (y no extro-, que simplemente no existe), de modo que la forma etimológica es extravertido.

La persona poco sociable, en cambio, está mirando hacia dentro, y el prefijo correspondiente es intro- (que significa exactamente ‘hacia dentro’, como en introducción, ‘lo que lleva hacia dentro’), y no intra- (que sí existe, pero significa ‘dentro de’, como en intramuscular, ‘dentro del músculo’).

Y es que a las parejas de palabras les sucede lo que a las parejas de personas: que con el tiempo acaban pareciéndose. Y por eso, por analogía, la forma más extendida hoy es extrovertido, un término no etimológico que copia la vocal de su contrario (introvertido). Pero, en este caso, como no entra en competición con otro prefijo, se ha acabado admitiendo.

Lo único que no se puede decir, entonces, es intravertido: todas las demás variantes se aceptan.

(Vía RNE)

Antonio Machado

Copio un párrafo del poeta Antonio Machado. A mí me encanta:

“Como todos los grandes andaluces, era don Francisco la viva antítesis del andaluz de pandereta, del andaluz mueble, jactancioso, hiperbolizante y amigo de lo que brilla y de lo que truena. Carecía de vanidades, pero no de orgullo; convencido de ser, desdeñaba el aparentar. Era sencillo, austero hasta la santidad, amigo de las proporciones justas y de las medidas cabales.”

Es un fragmento de un retrato de Francisco Giner de los Ríos.

¿Has imprimido el impreso?

El verbo imprimir tiene dos participios: uno regular, imprimido, y otro irregular, impreso. A la hora de elegir entre una y otra forma, los hablantes se muestran reticentes ante el empleo del participio irregular impreso (he impreso). Sin embargo, como formas verbales, ambos participios son válidos e incluso la tendencia actual es hacia un mayor uso de impreso.

Se han impreso 3000 folletos. (Correcto)

Se han imprimido 3000 folletos. (Correcto)

Como sustantivo y como adjetivo únicamente es correcto el empleo de impreso.

Como no había rellenado el impreso, no podía cobrarlo. (Correcto)

Al pie de la foto viene impreso el nombre. (Correcto)

* Luis tiene imprimido el artículo que ha leído en el periódico digital. (Incorrecto)

Uso de Internet en 2009

Gracias al blog Scriptor, he visto este interesante infográfico sobre el uso de Internet en el año 2009.

El origen es la web mashable.com en la que aparece este texto:

“Here are some of the other points (the image itself is farther down):

- There’s no gender bias when it comes to the Internet; 74% of men use it, and so do 74% of women.

- The older people are, the less likely they are to use the Internet. 93% of people ages 18-29 use it, but only 38% of people 65+ do. 65 is where the big drop off happens, though; 70% of people 50 – 64 are online.

- As you might expect, the higher their income level, the more likely it is that someone has broadband access.

- Education is correlated as well. 94% of college grads are online, while only 39% of people with less than a high school education are.

- Internet use is up significantly in just the past five years. In 2005, 27% of people surveyed used the Internet “several times a day.” Now it’s 38%.

- 58% have a desktop computer. 46% have a laptop.

- Ages 25 – 44 make up the majority of people who blog. Only 7% of people under 25 do — that’s an even lower percentage than people 55 – 64! Have the youngsters latched on to other new media?

- 54% of bloggers consider themselves experts on whatever it is they’re blogging about.

- Norway is the country with the highest level of Internet penetration. The United States is in fifth place.

- Japan has the fastest Internet connections on average. No surprise there.

- The average mobile Internet connection clocks in at around 700 Kbps.”

¿Por contra o por el contrario?

La locución por contra es un calco del francés par contre. De esta manera, es preferible sustituirla por expresiones y formas existentes en español, como por el contrario o en cambio:

No me gustan las camisas que te has comprado; por contra, me entusiasman los pantalones.

Debería decirse:

No me gustan las camisas que te has comprado; por el contrario, me entusiasman los pantalones.

No me gustan las camisas que te has comprado; sin embargo, me entusiasman los pantalones.

En todo caso, como recuerda Manuel Seco en su Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española, este uso no es nuevo en español, ya que aparece incluso en algunas obras de Galdós de 1889:

«Hubo proporción de celebrar [...] festines, de que participaban los guipuzcoanos, estimando estos como bocado exquisito el pan de trigo [...] Y, por el contrario, Aura gustaba con preferencia de los caldos de habas con cecina y de la barona.»

Sí que existe en español la locución adverbial en contra, que tiene el significado de ‘en oposición’:

No te pongas en contra.

Normalmente, lleva un complemento precedido de la preposición de:

No te pongas en contra de tus amigos.

La omisión de la preposición de se considera también un rasgo de vulgarismo.

(Vía escueladeredacción)

Fragmento magistral

He seleccionado este fragmento magistral, en mi opinión, de la novela “Las ratas” de Miguel Delibes.

El Nini siguió avanzando por la calleja solitaria, arrimado a las casas para eludir el lodazal. Restregaba la moneda que portaba en la mano contra los muros de adobe y al llegar a la primera esquina examinó el brillo nacido en el borde con pueril fruición. El barrizal era allí más espeso, pero el niño lo atravesó sin vacilar, sumergiendo sus pies desnudos en el cieno entreverado de estiércol y escíbalos caprinos, en la pestilente agua estancada de los relejes. Cruzó el pueblo y antes de divisar los establos del Poderoso oyó la voz caliente de Rabino Chico charlando con las vacas. El Rabino Chico estaba al servicio del Poderoso y tenía fama de comprender el lenguaje de los animales.

El Rabino Grande, el Pastor, y el Rabino Chico, el Vaquero del Poderoso, eran hijos del Viejo Rabino, el que, al decir de don Eustasio de la Piedra, el Profesor, era una prueba viva de que el hombre provenía del mono. En efecto, el Viejo Rabino tenía dos vértebras coxígeas de más, a la manera de un rabo truncado, y el cuerpo cubierto de un vello negro y espeso, y cuando se cansaba de andar sobre los pies podía hacerlo fácilmente sobre las manos. Por todo ello, don Eustasio de la Piedra le invitó por San Quinciano, allá por el año 33, a un Congreso Internacional, sin otra mira que demostrar ante sus colegas que el hombre descendía del mono y que aún era posible encontrar ejemplares a mitad de la evolución. Después de aquello, don Eustasio le llamaba a la capital cada vez que recibía una visita de cumplido y le hacía desnudar y dar vueltas sobre las manos, muy despacito, encima de una mesa. Al principio, el Viejo Rabino sentía vergüenza, pero pronto se habituó e incluso permitía que don Eustasio, que era un sabio, le tentara las dos vértebras coxígeas sin inmutarse. A partir de entonces, cada vez que un forastero mostraba interés por su particularidad, el Viejo Rabino se soltaba la pretina y se la enseñaba.

Miguel Delibes, Las ratas, p. 19.

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