Posts Tagged 'Universidad'

Sugerencias personales para elegir #universidad @eleconomistaes

Algunas sugerencias para elegir universidad. Algunas.

http://www.eleconomista.es/ecoaula/noticias/8842765/01/18/En-busca-de-la-universidad.html

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“alma mater” es de género femenino…

Al revisar unos textos de estudiantes, hemos observado que la tendencia general es a escribir en masculino la expresión “alma mater” (madre nutricia, madre que alimenta).

La Fundéu nos saca de dudas. Se escribe en femenino y explica por qué:

La alma mater —en femenino, sin tilde y en cursiva—, no el alma mater, es la forma adecuada de escribir esta locución latina.

La norma de cambiar la por el ante palabras femeninas que comienzan con a tónica solo afecta a sustantivos (el alma contentael aula espaciosa), pero en esta locución latina alma es un adjetivo que significa ‘que alimenta’, tal como indican los diccionarios de latín.

Sin embargo, en los medios de comunicación es frecuente encontrar oraciones en las que la locución se emplea con el artículo masculino: «Héctor Voglino fue durante muchos años el alma máter de ese cine» o «Con la perspectiva que dan tres décadas en la industria, Custo Dalmau, el alma máter de la firma Custo Barcelona, tiene muy claro que…».

En estos ejemplos, lo apropiado habría sido utilizar el artículo la en redonda y la locución latina alma matersin tilde y en cursiva, de acuerdo con las normas al respecto de la Ortografía de la lengua española: «… la alma mater de ese cine» y «… la alma mater de la firma Custo Barcelona…».

Cabe además señalar que, aunque el Diccionario panhispánico de dudas circunscribe el significado de esta locución a su sentido etimológico de ‘madre nutricia’ —metáfora de la universidad— y desaconseja explícitamente emplear alma mater para referirse a la ‘persona que da vida o impulso a algo’, acepción más habitual en periodismo, este sentido sí se recoge en los principales diccionarios de uso.

No obstante, con este significado se recomienda sustituir la alma mater simplemente por el sustantivo alma (y entonces sí irá precedido del artículo el): «Héctor Voglino fue durante muchos años el alma de ese cine» y «Con la perspectiva que dan tres décadas en la industria, Custo Dalmau, el alma de la firma Custo Barcelona, tiene muy claro que…».

 

¿Cómo asegurarte de que sabes algo de verdad? …

«(…) hasta que uno no se pone a escribir, negro sobre blanco, lo que piensa acerca de un tema, no podrá asegurar qué sabe y qué no sabe, y aún menos será capaz de expresar lo que sabe» (Newman, 2014).

Newman, J. H. (2014). La idea de la Universidad. II. Temas universitarios tratados en lecciones y ensayos ocasionales. Madrid: Ediciones Encuentro, pp. 195-196. Introducción, traducción y notas de Víctor García Ruiz.

Algunos consejos sobre #redacción académica (en inglés) / @tomorrowsprof

Three Phases of Writing for Publication
Academic writing can helpfully be thought of as involving three different approaches or phases.  A key to successful and positive writing is undertaking them all.  The role of each phase is clear, simple and straightforward to grasp and practice.

1. Write for yourself to find out what you know, think, feel and want to say. 
2. Redraft to communicate with your reader. 
3. Edit for posterity to offer clarity, clear language, structure, grammar, correct references.

Each of these phases involves the writer in critical thinking and research (albeit different kinds of research).  Each phase and stage develops the argument, the theory, as well as the exposition of the facts; none of the phases merely reports.

I give these phases in order 1-3: working through them in this order is valuable.  Writers, however, move through these phases in very different ways.  Some work straight through and complete, as if the phases were steps.  Most revisit earlier phases to revitalize their writing as they go through: it is often a dynamically reiterative process.  Many writers return to Phase 1 again with new material to insert into the text; they then work on this new writing through Phases 2 and 3.  Some, moreover, do some of the initial phase in their heads, only writing when they are fairly clear what they want to say.  Leaving out a phase, though, can make a publication dull, muddled, incomplete, and prevent it speaking to the appropriate audience.

Phase 1: Write for myself to find out what I know, think, feel, and want to say

Phase 1 is explorative, tentative and uncertain: Claire’s “scribbled mess”.  The only thing that matters now is the content of what we jam down on the page: grammar, proper construction, intellectual ways of expressing stuff ‘properly’ are dealt with in Phases 2 and 3.  What matters is that we now capture valuable content.  We search for our theory by reflecting freely, as well as reflecting upon the data, and by sifting in an unfocused way through the literature (journal papers, books, internet sites, etc.) for material which informs the development of ideas and offers examples.  This experimental and explorative stage enables me to grasp what I think, and what my data and research are telling me; it enables me to draw upon the wealth of my experience with a width and depth no other process can offer.

This phase is essentially relatively unfocused; a vital attitude enabling the capturing of insight, as well as marshalling thoughts and theories.  One of the reasons academic writers miss out on this inspirational phase is perhaps because it goes against our training and all our perception of what being an academic is.  I was forcibly taught to think in a logical and structured way, and to stop dreaming and reflecting.  Yet critical thinking, as used by scientists, social scientists and all the arts disciplines, involves exploration and experimentation.  Attempting to stay within the box and only use a small part of our thinking capacity (the logical), cramps and constrains our thinking to the boring.  Here is what one writer found liberating: (see more)

El enclaustramiento de la Universidad (Argullol) @elpais

Recomiendo la lectura del artículo “La cultura enclaustrada” escrito por Argullol en El País.

Destaco estos párrafos:

A finales de la Edad Media el caudal más fecundo de la cultura europea pasó de los monasterios a las universidades.(…)

(Apunte nuestro: aunque no hay que olvidar que antes de la formación de las universidades propiamente existieron las escuelas catedralicias y las gremiales, según explica este artículo [pdf 1,6 MB])

Las universidades occidentales se consolidaron definitivamente en los siglos xix y xx (sumando las americanas a las europeas) y, aunque nunca se despojaron por completo de su origen, por así decirlo, monástico, participaron activamente en la vida cultural moderna. Siempre mantuvieron una tendencia centrípeta y endógena pero, paralelamente, muchos de sus miembros se incorporaron a los debates públicos de su época y fueron grandes creadores de la literatura y del pensamiento. En estos dos últimos siglos es imposible tratar de comprender la historia cultural, o simplemente la Historia, sin atender a la función de las universidades en la dinámica pública y sin subrayar la importancia de numerosos profesores en la esfera creativa.

Pero no estoy seguro de que esto continúe siendo cierto. En los últimos lustros, y de un modo increíblemente acelerado, se ha producido una suerte de inversión de tendencias, a partir de la cual la universidad ha tendido a replegarse sobre sí misma (…)

Es llamativo, a este respecto, la escasa aportación universitaria a los conflictos civiles actuales, incluidas las crisis sociales o las guerras. En dirección contraria, el universitario ha asumido obedientemente su pertenencia a un microcosmos que debe ser preservado, aún a costa de dar la espalda a la creación cultural. (…)

Hasta hace poco lo que se valoraba en un profesor, además de su capacidad para la investigación, era su magisterio docente y la publicación de libros relevantes en su área de conocimiento. Precisamente esta última tarea era decisiva para facilitar una ósmosis entre la universidad y la sociedad. El libro —y, a poder ser, el gran libro— era el instrumento básico en la vertebración de la cultura y, simultáneamente, el desafío que debía afrontar el profesor que aspiraba a la madurez intelectual. La cultura occidental moderna está jalonada por libros que son fruto de aquel reto. Como complemento de esta tarea muchos profesores trataban de comunicarse con el público más amplio posible mediante la intervención en revistas y periódicos.

No obstante, de un tiempo a esta parte, se ha producido un estrechamiento paulatino del anterior horizonte al mismo ritmo en que la universidad, como institución, ha sacralizado el paper como medio de promoción profesional. En la actualidad una gran mayoría de profesores ha descartado la escritura de libros como labor primordial para concentrarse en la producción de papers. En muchos casos esta renuncia es dolorosa pues frustra una determinada vocación creativa, a la par que investigadora, pero es la consecuencia de la propia presión institucional, puesto que el profesor deber ser evaluado, casi exclusivamente, por sus artículos supuestamente especializados. Como quiera que sea, el nuevo microcosmos en el que se encierra a la universidad traza una kafkiana red de relaciones y hegemonías notablemente opaca para una visión externa a la institución. Además de atender a sus labores docentes, los profesores universitarios emplean buena parte de su tiempo en la elaboración de papers, textos con frecuencia herméticos, destinados a denominadas “revistas de impacto”, publicaciones que tienen, por lo común, escasos lectores —siempre del propio ámbito de la especialización— aunque con un gran poder ya que son las únicas “que cuentan” en el momento de evaluar al universitario. En consecuencia, los profesores, sobre todo los jóvenes y en situación inestable, hacen cola para que sus artículos sean admitidos en publicaciones de valor desigual pero insoslayables. Se conforma así una suerte de mandarinato que rige el microcosmos. Los profesores son calificados, mediante las evaluaciones oficiales, de acuerdo con el acatamiento a aquellas normas. La ilusión o vocación de escribir obras de largo alcance —algo que requiere un ritmo lento, que a menudo abarca varios años— debe aplazarse, quizá para siempre. (…)

La cultura humanista, nacida de la libertad y de la crítica, corre el peligro, en la actual universidad, de ser enclaustrada, como si volviera al recinto monástico: no a la grandeza de aquellos monasterios que conservaron el saber antiguo sino al inmovilismo dogmático de los que pretendían preservar los conocimientos mediante su reclusión. Por admirable que sea originariamente un conocimiento aprisionado es un conocimiento muerto.

(Hasta aquí los párrafos del brillante artículo de Argullol (5 abril 2014, El País). Volvamos, pues, a la esencia de la universidad…, sin dejar de publicar papers, ni libros).

Riquer y Newman

(Incluyo el enlace al artículo publicado en LV, ahora en acceso abierto)

Nos ha dejado Martí de Riquer, prestigioso medievalista, cervantista insigne y excelente profesor. Familiares, amigos y lectores nos hemos quedado un tanto desconsolados. Cuántos han comprendido y valorado El Quijote gracias a su obra Para leer a Cervantes. Aunque entristecidos, nos queda su legado como humanista y maestro, y sus obras que el tiempo y el estudio situarán en lugar adecuado. La muerte de Riquer me sorprendió leyendo y estudiando las ideas sobre la universidad de otro gigante del alma máter, John Henry Newman. Primer rector de la Catholic University de Irlanda. Fellow y profesor del Oriel College (Oxford) y fundador del Oratory School. Mantengo una relación profesional con alumnos y profesores de las universidades de Oxford, Cambridge, Lancaster y Birmingham. De ellos me ha cautivado el rigor académico, la profesionalidad y la amabilidad. Les he preguntado, de dónde procede la excelencia de las centenarias instituciones a las que pertenecen. La respuesta la he empezado a encontrar en la lectura de la vida y la obra de los grandes maestros de esas universidades. He empezado por John Henry Newman, cuyas obras Idea of the University y Historical sketches recomiendo leer. Permítanme recordar algunas ideas de Newman, ahora que hemos perdido a Martí de Riquer. Estoy convencido de que el legado de esos gigantes nos permitirá redescubrir y vivir la misión auténtica de la universidad.

Para Newman, la educación universitaria consiste en impartir conocimiento y en entrenar la mente, formar el carácter y adquirir hábitos (Shrimpton, The legacy of John Henry Newman). Es un objetivo de la universidad proponer el nivel mental adecuado y educar de acuerdo con él, y lograr que todos avancen hacia él según su capacidad. “El ojo corporal, que es el órgano para ver los objetos materiales, se nos da por naturaleza. El ojo de la mente, cuyo objeto es la verdad, es obra de la disciplina y el hábito” (Discurso 7.º). ¿Enseñamos esto a nuestros alumnos?

Newman invitaba a que los estudiantes atravesaran el vestíbulo del saber. Así, la educación universitaria eleva el tono intelectual de la sociedad, cultiva la mente y purifica el gusto nacional. Newman invitaba a enseñar a pensar. Decía Juan de Salisbury (siglo XII) que “somos enanos a hombros de gigantes”. El legado de Newman, como el de Riquer y otros profesores, nos permite a nosotros -pobres enanos- subirnos a sus hombros, para ver más allá. Iniciemos una revolución silenciosa y tenaz, a hombros de gigantes: enseñemos a pensar para que los universitarios no sean “especialistas sin alma, vividores sin corazón” (Max Weber), sino profesionales competentes, excelentes ciudadanos y mejores personas.

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Los estudiantes llegan a la Universidad con dificultades…

Completamente de acuerdo con la respuesta de la profesora C. E. Núñez (via EM)

El informe Pisa nos pone a la cola en educación ¿está el fracaso de la enseñanza primaria y secundaria ligado al fracaso universitario o son fenómenos independientes?

Están absolutamente ligados. Los estudiantes que llegan a la Universidad tienen dificultades para leer, comprender, escribir, comunicar… No olvidemos una cosa. La Universidad forma a los futuros profesores de primaria y secundaria. Si forma mal, sus estudiantes no estarán bien enseñados. La nota de corte para hacer Medicina es un nueve y pico. La nota para hacer magisterio ronda el cinco. Por lo general, los peores estudiantes de bachillerato son los que terminan haciendo magisterio y pedagogía. Si a eso añadimos que la formación que se les da puede no ser la más adecuada, pues difícilmente los profesores podrán enseñar bien. La Universidad puede hacer mucho más. Tendría que tener, primero, pruebas de acceso propias para cada titulación y decir qué requisitos debe cumplir el alumno al que se va a admitir en una u otra carrera, para seguir con provecho los estudios. En lugar de esto se admite a todos el primer año y van arrastrando las carencias que ya traían sin solucionarlas. Esto da lugar a estudiantes que abandonan o que tardan mucho en acabar. Porque nadie les dice qué es lo que se van a encontrar ni qué mínimos necesitan para sacarlo adelante. Pero nadie quiere cambiar esto. Nadie quiere innovar. La Universidad, en el fondo, es tremendamente conservadora, aunque dentro de ellas todos nos consideramos muy progres. Es conservadora porque tiene garantizada la financiación. Al no tener que luchar por ella, no innovamos ni cambiamos nada. (…)


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