Posts Tagged 'prosa'

¡Una joya!

Una joya del castellano. Estoy leyendo el libro Donde las Hurdes se llaman Cabrera, escrito por Ramón Carnicer. Un libro de viaje. El profesor y escritor Carnicer recorrió una olvidada comarca de León y escribió sus impresiones en ese libro. Merece la pena leerlo y disfrutar de su excelente prosa.

Qué bien escribe…

Pues sí. Qué bien escribe J. M. Espinàs. En este blog modesto lo admiramos desde hace mucho tiempo. Os dejamos con un fragmento de uno de sus últimos artículos:

El día se levanta, habitualmente, mucho más pronto que yo. Ya hay luz natural cuando me voy hacia la cocina. Una luz espléndida o una luz tímida, depende de la época del año. En estos días, la luz natural ya se ha consolidado, entra decididamente en casa. En invierno todavía arrastra un poco del gris que ha dejado atrás. Desayuno poco y hojeo rápidamente este diario. La información básica, Y pronto siento la necesidad de ir a mi pequeño despacho. Como si tuviera que recuperar sin retrasarlo mucho el tiempo que he dejado pasar mientras dormía. No creo que sea un remordimiento inconsciente de gandul, porque me justifica el trabajo que hice en las horas nocturnas. Por otra parte, pienso que me espera otro largo día, y un poco de la noche, para hacer más cosas de mi largo, también, oficio. Leer, corregir pruebas de un libro, aprender consultando un diccionario, pensar un tema para un artículo. O sencillamente vivir.

(Sigue aquí)

Extracto de una entrevista a Espinàs:

¿Qué le estimula a escribir tras más de 11.000 columnas?

-Cada día recibo muchos estímulos. No me imagino vivir sin escribir. Tengo tendencia a la observación y a la comparación. En las escuelas deberían enseñar a observar y comparar, así asocias ideas y surgen cosas nuevas. Eso es creación. Todos mis libros más autobiográficos y los artículos están basados en la observación. Mi lenguaje es poco florido y poco pretencioso. Nunca he querido lucirme. No sé hacerlo. Intento ser preciso con un toque literario. «Ser o no ser», de Shakespeare. No hay nada más sencillo ni más literario.

-En El meu ofici decía que siempre ha huido de las pretensiones del mundo literario.

-No me siento cómodo en ese mundo. Pla le dijo una frase muy buena a un joven escritor que escribía barrocamente: «No dudo de que usted puede llegar a ser un genio pero provisionalmente es un pedante».

Simplemente, genial.

Escribir con sencillez

A mis alumnos les pido que lean este artículo. Sencillez al redactar. Haced caso al bueno de Espinàs, gran prosista. Y sencillo.

Escribir bien para pensar mejor

La ‘Generalitat’ ha hecho un test a los alumnos de 10 años para conocer cuál es su dominio de varias materias. Recojo esta conclusión: en general, los alumnos tienen dificultades para expresarse por escrito con corrección lingüística. Y una recomendación importantísima: que los alumnos utilicen más el texto escrito, porque mejora «la imaginación y la estructuración de las ideas».

Tienen razón: cuando se aprende a escribir correctamente se aprende a pensar con más precisión. Y esto también resulta útil para los adultos. Escribir bien no significa escribir literariamente, o para que «quede bonito». No. La escritura es una técnica que algunos utilizarán con ambición literaria, pero que la mayoría necesita dominar como una herramienta que cada día debe utilizar.

Me atrevería a decir que hay que aprender a escribir de este modo: «Lo que estoy leyendo es un artículo. El texto tiene forma de columna. Puedo leerlo hasta el final. Puedo dejarlo si me interesa…» Conviene, pues, empezar a practicar la escritura construyendo frases que sólo incluyan una idea. Después de cada frase, un punto. Esto proporciona mucha confianza, porque vemos que queda claro lo que queremos decir. Hace 30 años, la Delegación de Hacienda publicó un aviso que empezaba así: «Esta Delegación recuerda a las personas físicas que por virtud de lo dispuesto en el inciso primero de la orden de… quedaron sometidas al régimen de estimación directa para la determinación de las bases imponibles a efectos del impuesto sobre los rendimientos de trabajo personal para las cuotas devengadas a partir de… y asimismo a las de aquellas profesiones que fueron sometidas al precitado régimen…», etcétera.

¡Son 172 palabras seguidas sin un solo punto! ¿Cuál es mi recomendación, si queremos que nos entiendan? Pensar en algo que queramos decir. Escribirlo. Leerlo para comprobar si la idea —sólo una— está clara. Punto. Vamos a por otra. Cuando dominemos la técnica de pensar-escribir una idea tras otra, ya podremos improvisar.

Josep Maria Espinàs,

El Periódico

22-noviembre-2001

¿Conoces a un creativo?

Josep Maria Espinàs, excelente prosista, comenta en este artículo el empleo de la palabra «creativo». Un ejemplo de cómo las palabras nos alejan de la realidad. Cuando deberían acercarnos a ella…

¿Qué pasa con el lenguaje?

¿Estamos perdiendo de vista la realidad personal, que generalmente es modesta?

Es verdad que siempre ha habido hombres y mujeres que han tendido a glorificarse, pero esa satisfacción no iba más allá de su esfera social. Ha habido algunos casos de vanidad modélica, brillantísimamente comentados por aquellos que realizaban maliciosas tertulias de club y usaban sombrero de copa.

También ha habido épocas en que el periodismo crítico-humorístico encontró la inspiración en el vestuario, los vehículos y las frases que soltaban algunos ciudadanos elegantes y afortunados. Me parece que ahora la excentricidad no es tan aristocrática; además, existe una fugacidad en las formas. Todo va superponiéndose.

Ahora, la sofisticación la encontramos en el lenguaje. En el ámbito del lenguaje, la afectación conserva su prestigio. La pretensión se ha instalado cómodamente en el lenguaje oficial. Si existen dos formas de decir algo, se suele elegir la más vaga y complicada.

Por ejemplo: ¿qué efecto le produciría a usted tener a su cargo los «servicios de creatividad de actos populares»? Una carta me comunica que el Instituto Municipal de Deportes ha convocado un concurso para conceder esa plaza de trabajo.

Ya me topé con la palabra creatividad en aquellos tiempos en que conocí el mundo de la publicidad. Más de una persona se me presentó como «creativo» de la empresa, y en las tarjetas de visita, bajo su nombre, ponía eso, «creativo». Me parecía una considerable pretensión. Yo he conocido a arquitectos, escritores, directores de empresas y muchos otros profesionales que trabajaban creativamente. Y no lo ponían en ninguna tarjeta.

Ahora se busca a alguien que se encargue de los «servicios de creatividad» para acciones populares deportivas. ¿Alguien sabe qué es eso? Esa aptitud creativa específica, ¿se estudia en algún sitio? Las propuestas de creatividad, explica el ciudadano que da la información, tenían que presentarse durante los días navideños, y el ciudadano sospecha.

Lo que a mí me intriga es lo que dirán las tarjetas del privilegiado elegido. ¿«Técnico de creatividad en actos populares deportivos»? Esta es la glorificación moderna del lenguaje: asesores, supervisores, jefes de control primario, jefes de subcontroles, consejeros de subdelegados…

Todo esto es muy moderno, pero a mí me parece que es tan sofisticado como aquellos complicados sombreros de las bisabuelas.

Josep María Espinàs

www.elperiodico.com

España

21/01/2010

Antonio Machado

Copio un párrafo del poeta Antonio Machado. A mí me encanta:

«Como todos los grandes andaluces, era don Francisco la viva antítesis del andaluz de pandereta, del andaluz mueble, jactancioso, hiperbolizante y amigo de lo que brilla y de lo que truena. Carecía de vanidades, pero no de orgullo; convencido de ser, desdeñaba el aparentar. Era sencillo, austero hasta la santidad, amigo de las proporciones justas y de las medidas cabales.»

Es un fragmento de un retrato de Francisco Giner de los Ríos.

prosa clara y sencilla


Si leemos textos de personas que escriben bien, nos expresaremos mejor. Leed este fragmento de un artículo muy bien redactado.

«Querido J:

La necrología es uno de los géneros más delicados del periodismo. Sobre todo porque de la mayoría de los muertos será la última vez que se hable en el periódico. Dado que es el último titular hay que tener cuidado al cuadrarlo. El cuidado que caracteriza los obituarios de los grandes periódicos. Están los clásicos y célebres de The Times, aunque los ingleses son, en general, grandes maestros en el adiós a la vida. Y justo es decir también que este periódico donde te echo las cartas produce las mejores mortajas de la prensa española, sobre todo si el muerto es un periodista y/o bebedor y las escribe Julio Valdeón desde algún respiradero neoyorquino que eche humo de nieve. La cuestión, en fin, es que esta semana se murió Pablo Porta y le despidieron cantando a coro «Pablo, Pablito, Pablete», como si el que hubiese muerto fuera el solista.

Traté a Porta en sus últimos años para hacer dos libros. El primero, la biografía de Samaranch que escribí con Jaume Boix Angelats, y el de los anfitriones catalanes de Franco, del que te hablé la semana pasada y que está por escribir. Era un hombre muy interesante. Conocía como nadie la historia barcelonesa del último medio siglo, también en sus aspectos decorosos: fue un abogado muy potente y nada venial. Su imagen característica era sentado a una mesa cubierta de papelillos. Probablemente al teléfono. Cada papelillo guardaba una confidencia o un cuarto de ella. Tenía un gusto puramente biológico, carnal, por la información. En España sólo hubo un gusto comparable y también perteneció al deporte. Fue el de Raimundo Saporta, el legendario vicepresidente del Real Madrid Madrid, del que Porta aseguraba que era el auténtico bastión del régimen en el club. «Franco nunca se fió de Bernabeu, al que consideraba, en el fondo, un republicanote.» (…)» AE.


visits

  • 971.027 hits

categorías

Twitter profile