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Reflexiones sobre la escritura en la era digital (por A. Grijelmo) (2018)

Propongo leer la primera parte del artículo de Álex Grijelmo sobre la escritura en la era (o etapa, o época) digital. Por si alguien piensa que escribir bien ahora no es importante…

Escribir y hablar bien en la era digital.

(Álex Grijelmo, Nueva Revista, 8 junio 2018)

El ser humano nunca había escrito tanto como lo hace hoy. Las nuevas tecnologías han obligado a millones de personas a relacionarse cotidianamente con un teclado y plasmar en él todo tipo de mensajes. Incluso en los países menos desarrollados la posesión de teléfonos móviles y ordenadores ha generalizado la lengua escrita como jamás en su historia.

Una simple mirada a nuestro pasado más cercano nos hará ver que unos pocos años atrás cualquier habitante del mundo occidental —salvo que estuviese relacionado profesionalmente con la escritura— apenas redactaba unas cuantas cartas a lo largo de toda su vida, además de responder por escrito en los exámenes en la enseñanza básica y luego quizás en la universidad; apenas rellenaba una instancia, presentaba una reclamación o elaboraba un currículo. La mayoría de la gente podía pasar semanas enteras, meses, años, sin enfrentarse al reto de escribir y pensar por tanto en tildes, comas, concordancias o regímenes verbales.

Un tendero solicitaba el género por teléfono, pero ahora probablemente escribe correos electrónicos a sus proveedores; un albañil autónomo avisa por WhatsApp a su cliente de que se retrasa un par de horas; una cliente de casa rural explica en Internet si el trato recibido ha sido satisfactorio o no, y del mismo modo le responderá el dueño para pedirle disculpas o agradecerle los elogios

Ahora pasamos horas y horas en el hogar, relacionados con el mundo a través de algún aparato que nos obliga a escribir continuamente. Desde él hacemos las compras, pediremos una cita médica o una fecha para renovar el documento de identidad, convocaremos a un electricista y encargaremos un mueble. Y continuamente pulsaremos el teclado.

En muchas profesiones y oficios la relación con el cliente o el proveedor se basaba hasta hace poco en el contacto personal. Tenían gran importancia en ese trato la presencia y el aspecto de cada uno. Un vendedor del Círculo de Lectores no podía ir mal vestido, ni una agente de viajes debía llevar un lamparón en el traje. Porque si así ocurría, se derivaba de ello alguna interpretación al respecto que no favorecía su prestigio.

Ahora esas relaciones comerciales se establecen en el ciberespacio, y no es necesaria ni importante la presencia física. Pero hace falta escribir.

Las ropas que nos relacionan con los demás en muchos aspectos de la vida son las que viste nuestro lenguaje. Desconfiaremos de la abogada que nos envía un correo con faltas de ortografía, no contrataremos a la canguro que usa una gramática deplorable cuando pregunta en un mensaje a qué hora debe ir esta noche, nos echará para atrás el encargado de la tienda que ofrezca ventas a través de la Red y no escriba bien los nombres de los productos.

Del mismo modo, en los grupos de WhatsApp (de amigos, de padres de alumnos, de compañeros de un viaje) se retratará ante los demás quien no cuide la grafía de las palabras, quien las confunda, quien escriba el verbo «haber» en lugar de la locución «a ver». Una persona culta que esté pensando en contratar para una obra casera a un aparejador que participa en el grupo de padres de los chicos del equipo de fútbol se lo pensará dos veces si nota que el arquitecto técnico se expresa sin habilidades sociales o con un lenguaje rudimentario. (…)

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Sobre la polémica en torno al verbo #iros… #español #idioma

Habíamos escrito una entrada sobre el imperativo de marras. Con motivo de la polémica, muestra del interés por el buen uso del idioma, Grijelmo apunta una reflexión esclarecedora:

Puristas y todovalistas de la lengua han encontrado un nuevo frente: la palabra “iros”. Arturo Pérez-Reverteadelantó este domingo en Twitter, respondiendo a una consulta, que la Real Academia de la que forma parte ya ha aceptado como bueno ese imperativo (si bien no se ha completado aún el proceso en las Academias de América). Hasta ahora se consideraba correcta solamente la formación creada con el imperativo del verbo ir y el enclítico os: “idos”. Tras conocerse la nueva validez de esta conversión rótica de la “d” (es decir, su transformación en erre), la polémica se desató en las Redes.(…)

El signo &, por Álex Grijelmo via @el_pais

http://elpais.com/elpais/2017/03/10/opinion/1489140179_270961.html?id_externo_rsoc=TW_CC

¿Jugamos tranquilos, chicas?

Completamente de acuerdo con el artículo de Grijelmo:

(…) Bienvenida sea esta evolución (por supuesto muy incipiente), que acierta a coincidir en este caso con el criterio de quienes sostienen que la lengua se adapta a la realidad como el agua a la vasija; y que si cambiamos la realidad y fomentamos la presencia de la mujer en todos los órdenes de la vida donde antes estaba discriminada, cambiaremos con el mismo esfuerzo el lenguaje (…)

Tú me dijiste diecinueve

En la lengua hablada española, aunque se considera un rasgo de vulgarismo, se va extendiendo el uso de una –s final en las formas del pretérito indefinido (o pretérito perfecto simple) de segunda persona del singular. Lo grave es que también empieza a reflejarse en la lengua escrita, y en ocasiones, en la prensa.

El pretérito indefinido es un tiempo verbal del modo indicativo, que expresa una acción anterior a aquella en la que se encuentra el hablante, cuya terminación ya se ha consumado. Pero lo que ahora nos importa es el uso correcto, con un ejemplo muy común: el verbo decir.

Yo dije

dijiste

Él dijo

Nosotros dijimos

Vosotros dijisteis

Ellos dijeron

Por analogía con el resto de los tiempos verbales (dices, decías, dirás…), a la segunda persona () se le añade como vulgarismo una –s final, y así se oye el uso incorrecto:

Tú *dijistes

Álex Grijelmo, un conocido periodista experto en lengua castellana, señala que este error se comete en la letra de una canción del grupo Mecano:

Tú me * dijistes diecinueve…

¿Que se abuela?

El verbo abolir

Álex Grijelmo explica una simpática anécdota en su libro El estilo del periodista.

El verbo abolir se conjuga como el verbo agredir. Esto es, no se conjuga en todos los tiempos, sino en algunos.

Se cuenta que en las cortes de la Segunda República se suscitó un debate sobre la pena de muerte. Unos diputados empezaron a gritar: “¡Que se abola, que se abola!”

Otros respondían: “¡Que se abuela, que se abuela!”

Y Manuel Azaña, buen conocedor del idioma, dijo con voz clara: “¡Que se abolezca!”

Manuel Azaña quizá lo dijo por la analogía con el verbo aborrecer, similar a abolir. Sin embargo, tampoco acertó Azaña.

La forma correcta hubiera sido: “¡Que sea abolida!”

Álex Grijelmo (2005), El estilo del periodista. Madrid: Taurus, (decimotercera edición), pág. 211.

Pleonasmos innecesarios

Redundancias imperdonables, las llama Magí C. en La Vanguardia (27 de septiembre de 2010, p. 26). Pleonasmos innecesarios, así se refiere A. Grijelmo. Un pleonasmo es una repetición. ¿Lo sabías? En un texto literario es lícito emplearlos; en otro tipo de textos no.

MC menciona estas:

“Los bomberos deberían aplicarse a fondo para extraer la víctima. Una vez el juez proceda al levantamiento del cuerpo sin vida del viajero, será llevado al depósito y allí los forenses practicarán la autopsia del cadáver”.

¿Has encontrado las dos “redundancias imperdonables”?

Una es “cuerpo sin vida”. Basta con escribir “el cuerpo”. Se entiende que ya no tiene vida.

La otra redundancia. “La autopsia del cadáver”. Las autopsias se practican siempre en un cadáver. ¿O a ti te han practicado una autopsia en vida? A mí no.

Más pleonasmos:

“hazaña muy importante”, “difícil reto” y “absolutamente repleto”. Es mejor escribir: “hazaña”, “reto” y “repleto”.

También lo son éstas: «arsenal de armas» y «arsenal de guerra» son redundantes, ya que arsenal significa ‘depósito o almacén general de armas y otros efectos de guerra’, según apunta la Fundéu.

Saludos a todas las lectoras y a todos los lectores.

desde

ambition

Está imponiéndose en los medios de comunicación un nuevo uso de la preposición desde. Hoy he oído en la radio esta frase: «El gobierno no debe actuar desde la prepotencia».

Hace un tiempo, leí uno de los libros sobre el lenguaje escrito por Grijelmo: La punta de la lengua. Explicaba ese nuevo uso de la preposición:

«En el periódico AS, un presidente de un famoso equipo (Florentino Pérez) declaró: Nunca actúo desde el resentimiento. Esa fórmula ya la habían empleado otros, políticos en este caso: Esto se lo digo desde la honradez, Hay que llegar a un pacto desde el diálogo.

En castellano correcto esas personas podrían haber dicho: Nunca actúo con resentimiento, Esto se lo digo con honradez, Hay que llegar a un pacto mediante el diálogo. ¿Han usado mal el castellano porque se encuentran lejos de la honradez o del diálogo?»

Esperemos que Florentino vea que sus jugadores (CR9, Benzemá…) metan muchos goles, unos desde medio campo, otros desde el punto de penalti… Y él hable, no desde el resentimiento, si no con serenidad, por ejemplo.

Grijelmo, La punta de la lengua, pp. 33-34.


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