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100 novelas del siglo XX, seleccionadas por P. de Miguel (NT, 1993).

Adjunto el listado, brevemente comentado, de 100 novelas que elaboró Pedro de Miguel (DEP) para un número de la revista Nuestro Tiempo en 1993.

CIEN NOVELAS DEL SIGLO XX PARA SU BIBLIOTECA
Pedro de Miguel (1956-2007) Nuestro Tiempo, noviembre 1993, pp. 76-82)


«Muchos han sido los intentos de crear la biblioteca ideal, aquella que reúna en sus estantes lo más valioso de la creación literaria de todos los siglos. Desde Borges a Bernard Pivot, las diversas propuestas han venido siempre marcadas, de manera inevitable, por los gustos personales de los seleccionadores. Siguiendo esta pedante tradición, se sugieren aquí cien títulos de otros tantos autores de este siglo que termina.
Se ha procurado eliminar la dificultad que entrañan algunas novelas importantes, optando casi siempre por obras accesibles a un lector culto medio, no por mediocre, sino por no ser especialista en literatura. Se dejan para mejor ocasión las respectivas selecciones de libros de narrativa breve, poesía y ensayo. Para mayor comodidad del lector se señalan las editoriales en las que puede encontrarse cada novela […].
La selección resulta especialmente difícil, ya que se trata de elegir entre toda la literatura publicada, que es toda. Se señalan algunas de las novelas emblemáticas del siglo y otras más recientes, que quizá lleguen a ser también punto de referencia en el futuro».

Literatura española
ALDECOA, Ignacio: El fulgor y la sangre (Planeta). El mejor “realismo social” de mitad de siglo. Para sufridores.
ATXAGA, Bernardo: Obabakoak (Ediciones B). Un paisaje imaginario en el que a uno le gustaría vivir. Para inteligentes.
BAROJA, Pío: Las inquietudes de Shanti Andía (EspasaCalpe). La cara amable y aventurera del escritor vasco. Para descomplicados.
BENET, Juan: Herrumbrosas lanzas (Alfaguara). Una personalísima visión de la guerra civil española. Para barrocos.
CELA, Camilo José: La familia de Pascual Duarte (Destino). Tremendismo tremendo. Para curtidos.
CUNQUEIRO, Álvaro: Las mocedades de Ulises (Destino). Literatura fantástica tamizada por lo gallego. Para imaginativos.
CHACEL, Rosa: La sinrazón (Grupo Libro). Una densa aventura espiritual. Para los más profundos.
DELIBES, Miguel: Las ratas (Destino). La autenticidad del lenguaje al servicio de una dura historia. Para sensibles.
JIMÉNEZ LOZANO, José: El mudejarillo (Anthropos). Magistral perfil de San Juan de la Cruz y su mundo. Para anticonsumistas.
LAFORET, Carmen: Nada (Destino). El desencanto ante la mediocridad. Para espíritus jóvenes.
LANDERO, Luis: Juegos de la edad tardía (Tusquets). Un engaño que se embrolla hasta el sorprendente final. Para tramposos.
MARSÉ, Juan: El embrujo de Shanghai (Plaza & Janés). La mirada de un niño sobre la enfermedad, los viejos maquis y la vida que se abre. Para desengañados.
MENDOZA, Eduardo: La verdad sobre el caso Savolta (Seix Barral). Emblemática novela de los últimos veinte años. Para intrigantes.
MERINO, José María: La orilla oscura (Alfaguara). Las fronteras entre sueño y vigilia, disueltas de una vez por todas. Para soñadores.
PEREZ DE AYALA, Ramón: Tigre Juan (Espasa-Calpe). Novela
intelectual de la mejor calidad. Para introspectivos.

POMBO, Alvaro: Aparición del eterno femenino (Anagrama). La simpática verborrea de un niño casi adolescente. Para habladores.
RODOREDA, Mercé: La plaza del diamante (Edhasa). Inolvidable lucha por la vida. Para ilusionados.
SANCHEZ FERLOSIO, Rafael: Alfanhui (Destino). Lo mejor de la literatura española del siglo: un auténtico milagro. Para todos.
SANCHEZ MAZAS, Rafael: La vida nueva de Pedrito Andía (Planeta). Un amor juvenil, tierno y hondo. Para románticos.
SENDER, Ramón J.: La aventura equinoccial de Lope de Aguirre (Magisterio). La crudeza de vida de un aventurero en estado puro. Para descontentos.
VILLALONGA, Lorenzo: Bearn (Alianza). Perfecta novela decadente. Para nostálgicos.


Literatura francesa
La selección es breve, pero intensa. La ausencia de títulos recientes se debe, en parte, a la escasa atención de nuestros editores hacia los jóvenes novelistas del país vecino.


ALAIN-FOURNIER, Henri: El gran Meaulnes (Ediciones B). Encanto a raudales. Para ingenuos.
DURAS, Margerite: El square (Seix Barral). Maravilla de diálogos. Para paseantes.
GREEN, Julien: Si yo fuera usted (Destino). El eterno deseo de meterse en alma ajena. Para visionarios.
PEREC, George: La vida instrucciones de uso (Anagrama). El bullir interior de un edificio. Para locos por los puzles.
PROUST, Marcel: Jean Santeuil (Alianza). Aperitivo de la posterior obra proustiana. Para lánguidos.
YOURCENAR, Marguerite: Memorias de Adriano (Edhasa). Elegante recreación del esplendor romano. Para clasicones.


Literatura alemana
Predomina en nuestra selección la tendencia hacia la parábola moral, encerrada a menudo en un simbolismo oscuro, pero eficaz.


AUGUSTIN, Ernest: El sueño americano (Seix Barral). Todo lo que cabe segundos antes de morir. Para vertiginosos.

BÖLL, Heinrich: Casa sin amo (Seix Barral). Las huellas de una guerra mundial. Para revisionistas.
HANDKE, Peter: La ausencia (Alianza). Simbólico viaje de extraños compañeros. Para perplejos.
HESSE, Hermann: El juego de los abalorios (Alianza). Densidad sabia. Para pacientes.
HURLIMANN, Thomas: El cenador (Versal). Gatos y tumbas. Para tiernos contenidos.
JUNGER, Ernest: Sobre los acantilados de mármol (Destino). Parábola mundial. Para escudriñadores.
LE FORT, Gertrud von: La corona de los ángeles (Destino). Conflicto entre amor y fe. Para dubitativos.
LENZ, Sigfried: Lección de alemán (Debate). Indescriptible obra de arte. Para minuciosos.
LERNET-HOLENIA, Alexander: El barón Bagge (Siruela). Misterioso viaje. Para noctámbulos.
MANN, Thomas: Los Buddenbrook (Plaza & Janés). Saga alemana. Para desocupados.


Literatura italiana
Novela clásica, neorrealista, fantástica…, bajo el signo común de la extraordinaria habilidad italiana para narrar sin despeinarse.


BASSANI, Giorgio: El jardín de los Finzi-Contini (EspasaCalpe). Novelón donde los haya. Para elegantes.
BUZZATI, Dino: El desierto de los tártaros (Debate, Alianza). Enigmática espera. Para kafkianos.
CALVINO, Italo: El vizconde demediado (Siruela). Las ventajas de vivir partido por la mitad. Para fantasiosos.
PIRANDELLO, Luigi: El difunto Matías Pascal (Alianza). La novela de un dramaturgo. Para resucitados.
PRATOLINI, Vasco: Crónica familiar (Debate). Diálogo con el hermano muerto. Para líricos.
SCIASCIA, Leonardo: El día de la lechuza (Alianza). La garra de la mafia. Para justicieros.
TABUCCHI, Antonio: La línea del horizonte (Anagrama). Levedad narrativa. Para posmodernos.

TOMASI DI LAMPEDUSA, Giusepe: El gatopardo (Edhasa). Nobleza obliga. Para aristócratas convencidos.
VITTORINI, Elio. El Simplón guiña un ojo al Frejus (Debate). Desgarrado neorrealismo. Para reivindicativos.


Literatura estadounidense
Los contrastes, la inseguridad, el cosmopolitismo de un país recién nacido hacen brotar la que resulta ser, probablemente, la mejor literatura del siglo. La lista es necesariamente extensa.

BELLOW, Saul: Carpe Diem (Seix-Barral). La vaciedad de la vida moderna. Para gafes.
BRADBURY, Ray: Fahrenheit 451 (Edhasa, Plaza & Janés). Un mundo sin libros. Para revolucionarios.
CAPOTE, Truman: El arpa de la hierba (Anagrama). La decisión de irse a vivir a la copa de un árbol. Para ecologistas de los buenos.
CHANDLER, Raymond: El sueño eterno (Plaza & Janés). Novela negra negrísima. Para los que se hacen los duros.
DOS PASSOS, John: El paralelo 42 (Plaza & Janés). Crónica norteamericana. Para preocupados por el anonimato.
FAULKNER, William: Sartoris (Seix Barral). La decadencia del Sur algodonero. Para selectos.
FITZGERALD, Francis Scott: El gran Gatsby (Alfaguara, Plaza & Janés). La miseria del sueño americano. Para marchosos.
HAMMET, Dashiell: Cosecha roja (Alianza). Más muertos que páginas. Para pistoleros.
HEMINGWAY, Ernest: El viejo y el mar (Planeta). Oceánica fábula. Para relectores.
JAMES, Henry: Otra vuelta de tuerca (Siruela). La mejor última página de la historia de la literatura. Para
escatológicos.
MACCULLERS, Carson: Frankie y la boda (Seix Barral). Encantadora historia. Para los de lágrima fácil.
O’CONNOR, Flannery: Los profetas (Lumen). Impresionante cosmovisión. Para metafísicos.
SALINGER, J. D.: El guardián entre el centeno (Alianza). Adolescentes que escapan. Para graciosos.

SAROYAN, William: La comedia humana (Plaza & Janés). Kilos de ternura. Para bondadosos.
STEINBECK, John: Las uvas de la ira (Cátedra). La dura América. Para críticos.
WELTY, Eudora: Boda en el delta (Planeta). Indagación familiar. Para domésticos.
WHARTON, Edith: La edad de la inocencia (Tusquets). El drama del amor imposible. Para captadores de matices.
WILDER, Thornton: Los idus de marzo (Alianza). Toda la fuerza del mundo romano clásico. Para humanistas.
WOLFE, Tom: La hoguera de las vanidades (Anagrama). América contemporánea. Para los que están al loro.
WOLFE, Thomas: Del tiempo y del río (Montesinos). Interminables digresiones. Para amantes del pedal.


Literatura hispanoamericana
Muchos autores importantes quedan fuera de esta selección, en especial los geniales cuentistas de este siglo. Pero quizá basten los nombres que siguen, como punto de partida para acceder al resto.

BIOY CASARES, Adolfo: El sueño de los héroes (Alianza). Lo más parecido a Borges en novela. Para rompedores.
BRYCE ECHENIQUE, Alfredo: Un mundo para Julius (Plaza & Janés). Microcosmos de la sociedad peruana. Para relajados.
GALLEGOS, Rómulo: Doña Bárbara (Espasa-Calpe). El conflicto entre civilización y barbarie. Para esperanzados.
GARCÍA MÁRQUEZ, Gabriel: El coronel no tiene quien le escriba (Anagrama). Esta carta que nunca llega. Para experimentados.
GÜIRALDES, Ricardo: Don Segundo Sombra (Alianza). La nostalgia de la Pampa. Para amantes de espacios abiertos.
RIVERA, José Eustasio: La Vorágine (Cátedra). La Selva devoradora. Para desarraigados.


Literatura austriaca
Dos autores fundamentales en la literatura contemporánea sirven para representar a este país centroeuropeo, testigo crucial de las últimas paces y guerras.

BROCH, Hermann: La muerte de Virgilio (Alianza). La lenta agonía del poeta. Para farragosos selectos.
ROTH, Joseph: La marcha de Radetzky (Edhasa). La caída de un Imperio. Para trágicos.


Literatura rusa
Mientras esperamos qué puede dar de sí la reciente traducción de autores desconocidos de Occidente, proponemos tres autores seguros, densos, dignos herederos de la gran literatura rusa del siglo pasado.

BULGAKOV, Mikhail: La guardia blanca (Destino). Crítica visión de la revolución rusa. Para coleccionistas de guerras.
PASTERNAK, Boris: Doctor Zhivago (Anagrama). Sopa de amor y comunismo. Para dramáticos.
SOLZHENICIN, Alexander: Pabellón de cáncer (Tusquets). Todo el horror del estalinismo. Para progres ciegos.


Literatura británica
Comparte con la literatura estadounidense el primer lugar en cuanto a densidad de autores fundamentales. Se dan algunas pistas de autores recientes, quizá los más interesantes de los últimos años, al menos para los editores españoles.

CONRAD, Joseph: El corazón de las tinieblas (Alianza). Un viaje hacia el espanto. Para desgarrados.
CRONIN, Archibald Joseph: La ciudadela (Plaza & Janés). Corrupción contra integridad. Para médicos.
CHESTERTON, G.K.: El hombre que fue Jueves (Alianza, Planeta). La lucha contra un enigmático Maligno. Para simbólicos.
GOLDING, William: El señor de las moscas (Alianza). La crueldad infantil encerrada en una isla. Para antropólogos preocupados.
GREENE, Graham: El revés de la trama (Espasa-Calpe). El brillo de la caridad entre tinieblas. Para desesperados.
HUXLEY, Aldous: Un mundo feliz (Plaza & Janés). El futuro programado. Para utópicos.
ISHIGURO, Kazuo: Los restos del día (Anagrama). El corazoncito del mayordomo. Para anglófilos.

KIPLING, Rudyard: Kim (Alianza). Sustituye la lectura del larguísimo Libro de las tierras vírgenes. Para exóticos.
Mc EWAN, Ian: Niños en el tiempo (Anagrama). Magnífica reflexión sobre el nacimiento. Para la nueva sensibilidad.
ORWELL, George: Rebelión en la granja (Destino). Animalitos jugando al simbolismo. Para demócratas convencidos.
RHYS, Jean: Ancho mar de los Sargazos (Anagrama). El brillo de la miseria. Para compasivos.
SACKEVILLE-WEST, Vita: Toda pasión apagada (Alfaguara). La viudez como nueva juventud. Para feministas.
WAUGH, Evelyn: Retorno a Brideshead (Tusquets). No puede no gustar. Para esteticistas en especial.
WOOLF, Virginia: Mrs. Dalloway (Cátedra). Una londinense trajinando. Para pensativos.


Literatura checa
Dos pilares ya míticos de la literatura contemporánea. Leídos a estas alturas quizá se capte mejor el impacto que produjeron y producen.

KAFKA, Franz: América (Alianza). No tan absurdo todo. Para expresionistas.
RILKE, Rainer María: Los cuadernos de Malte Laurids Briggs (Alianza). Enseña a sentir. Para tímidos.

Otras literaturas
Dos daneses, un suizo, dos rumanos, un albanés, un estonio y un chino cierran nuestra selección, representando a literaturas casi desconocidas para nosotros.

BLIXEN-DINESEN, Karen: Lejos de África (Alfaguara). Kenia y su magnetismo. Para admiradores de safaris.
DURRENMATT, Friedrich: La promesa (Caralt). Irreprochable búsqueda de la justicia. Para éticos.
GHEORGHIU, Constantin Virgil: La hora veinticinco (Caralt). La prueba de que en la guerra no hay buenos. Para pacifistas.
HORIA, Vintila: Dios ha nacido en el exilio (Espasa-Calpe). Lo griego escudriñado. Para apátridas.
KADARE, Ismail: El viaje nupcial (Ediciones B). La resurrección es posible. Para tozudos.KROSS, Jaan: El loco del zar (Anagrama). El empeño por decir la verdad. Para irreductibles.
STANGERUP, Erik: El hombre que quería ser culpable (Tusquets). La necesidad de la expiación. Para íntegros.
YAN, Mo: Sorgo rojo (Muchnik). Tormentos chinos. Para no impresionables.

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Cómo empezar un texto. Consejos de @crisplanchuelo #redacción #comunicación #escritura

Siete formas de empezar mal un texto. Siete formas de aburrir al lector desde el inicio.

Puedes leerlas aquí. De todas formas, las copio a continuación.

 

1.     Divagar. Es decir, no ir al grano desde la primera línea. Si necesitas calentar motores antes de entrar en materia (cosa bastante razonable), ¿por qué martirizar a tus lectores con tu dispersión mental? Escríbela, sí, pero en una hoja aparte. Y luego, tírala.

2.     Decir lo que todos conocen ya. Frases como «a estas alturas no hace falta decir…», «como todo el mundo sabe…»,  «seguramente te habrás dado cuenta de que…» son un antídoto hasta para el lector más entusiasta. Si los lectores lo saben, ¿para qué se lo cuentas? (…)

3.     Ir de lo general a lo particular.  Lo general no suscita interés; por tanto, sé concreto. Si vas a hablar de cómo el marketing de contenidos puede aumentar tu notoriedad, no empieces con un «en los tiempos de las redes sociales el marketing de contenidos es algo fundamental para quien quiere darse a conocer».  Eso no aporta nada. Mucho mejor, empieza contando que las páginas web que tienen un blog con contenidos de calidad reciben un 60% más de tráfico que las que no lo tienen. O sea, concreción.

4.     No escoger sustantivos ni verbos. Ambos indican acción: son los que cuentan la historia; hay que empezar con ellos. Un «las deportivas que vuelven: Adidas Stan Smith» resulta más directo y claro que «actualmente las nuevas Adidas son las más clásicas». Esta última oración, con tanto adverbio y adjetivo, es vaga, complicada y subjetiva.

5.     Contar tu vida. Que te has mudado al campo, que llevas dos semanas sin Internet, que estás feliz porque es primavera… Eso puede interesar a tu familia y a tus amigos, pero no a quien busca información valiosa. Los contenidos autobiográficos solo interesan si eres un fascinante espía británico con licencia para matar (…).

6.       Usar tópicos. (…).

7.       Decir lo que se ve, que es una variante del punto 2: «Antes que nada, me gustaría agradecerle su confianza en nuestra marca…». (…)  Da las gracias directamente y olvídate de tanto preámbulo. O deja el agradecimiento para el final.

Estos siete errores se resumen en uno: no trabajar las ideas antes de ponerse a redactar. Primero piensa: decide qué quieres contar y a quién, y luego escribe sin dilación algo interesante para tu audiencia.

Algunos consejos para escribir mejor…

Far de San Sebastià

Rescato unos divertidos consejos para redactar mejor:

Consejos de escritura

  1. Evitar los infinitivos.
  2. Nada de frases entrecortadas. Nunca. Jamás. Jamás de los jama­ses. Afectan al estilo.
  3. Evitar los subrayados siempre. Por si hay que repetirlo: siem-pre.
  4. No meter condicionales al final de las frases si la idea lo permite, si se puede.
  5. No usar paréntesis (con más razón paréntesis irrelevantes) de ninguna manera (porque no suelen aclarar) y revisar (a conciencia: y veces) para suprimirlos.
  6. Procurar tender a ser más o menos concreto, casi siempre, en buena parte de los textos, especialmente si el texto es de un carác­ter … Digamos que en los textos en general.
  7. ¿Se ha preguntado alguien si sirven las llamadas ‘preguntas retó­ricas’?
  8. Ir directo al grano y no usar frases hechas ni caer en el típico tópico.
  9. Recordar, como escribió Mark Twain o algún escritor del siglo XIX, que ‘el abuso de las citas denota ignorancia’.
  10. Las comparaciones son tan malas como las frases hechas.
  11. Pasar del lenguaje coloquial y en ese plan. Que le den. Super importante.
  12. Las metáforas chirrían más que una tiza que se arrastra indócil por la pizarra.
  13. Evitar signos ajenos al idioma & barbarismos & slang. ; -)
  14. Las exageraciones son un millón de veces más peligrosas que todos los demás defectos de redacción juntos, como nadie se atre­verá a poner en duda, por supuesto.
  15. Ser exhaustivos con los detalles y todo eso.
  16. Ser concisos y no divagar. La concisión constituye, por sí misma, un elemento de comunicación de primer orden, ya que facilita la comprensión de los diversos contenidos semánticos incorporados en el texto, los cuales, por su propia razón de ser y su naturaleza constitutiva, dan a entender aquello que el emisor del mensaje (al que llamaremos ‘A’) trata de comunicar al receptor del mensaje (al que llamaremos ‘B’). En el proceso de emisión de mensaje, empero, conviene no descartar que pueden producirse los denominados ruidos de transmisión, también designados según qué terminologías, manchas consistentes ora en circunstancias, ora accio­nes, ora omisiones y un largo, inacabable etcétera de muy distinta índole, por una interrupción, parcial o total, del habitualmente complejo proceso comunicativo que se pretende alcanzar entre ‘A’ y ‘B’ y que luego desemboca en la inversión de términos que necesita la retroalimentación, también designada feed-back, la cual, a su vez, en función de las claves interpretativas debería atender a

 

Nuestro tiempo, abril, 2007, p. 111.  Joseluís González

¿Intensificar y externalización?

autumn_scene_7[1]Dos ejemplos del llamado «discurso esclerótico» por Manuel Casado.

¿Por qué empleamos externalización, si podemos usar subcontratar o contratar?

¿Por qué decimos intensificar, si podemos emplear reforzar, fortalecer, fomentar, aumentar, redoblar, incrementar, impulsar, reactivar, acentuar, avivar, etc.?

Manuel Casado afirma que el discurso esclerótico (compulsivo, prefabricado, puro caparazón, cáscara vana) «se reconoce en el empleo de frases gastadas, de lugares comunes, de palabras de moda». No dejéis de leer el sugerente artículo que recoge unas interesantísimas consideraciones sobre este tipo discurso. Espero que os cautive, además, la reflexión sobre la importancia de la reflexión y del silencio para que nuestros discursos sean vivos y vigorosos.

Aquí está el artículo.

“El discurso esclerótico”, en Mª Jesús Casals Carro (coord.), Mensajes periodísticos y sociedad del conocimiento (Libro homenaje al profesor José Luis Martínez Albertos), Madrid, Fragua, 2004, 513-520

¡Una joya!

Una joya del castellano. Estoy leyendo el libro Donde las Hurdes se llaman Cabrera, escrito por Ramón Carnicer. Un libro de viaje. El profesor y escritor Carnicer recorrió una olvidada comarca de León y escribió sus impresiones en ese libro. Merece la pena leerlo y disfrutar de su excelente prosa.

¿Vamos por ellos o vamos a por ellos?

La duda nos la resuelve el profesor Corrales, en el periódico HOY de Ecuador. Aquí.

Miedo al miedo

Miedo al miedo – Firmas – Nuestro Tiempo.

Qué bien escribe…

Pues sí. Qué bien escribe J. M. Espinàs. En este blog modesto lo admiramos desde hace mucho tiempo. Os dejamos con un fragmento de uno de sus últimos artículos:

El día se levanta, habitualmente, mucho más pronto que yo. Ya hay luz natural cuando me voy hacia la cocina. Una luz espléndida o una luz tímida, depende de la época del año. En estos días, la luz natural ya se ha consolidado, entra decididamente en casa. En invierno todavía arrastra un poco del gris que ha dejado atrás. Desayuno poco y hojeo rápidamente este diario. La información básica, Y pronto siento la necesidad de ir a mi pequeño despacho. Como si tuviera que recuperar sin retrasarlo mucho el tiempo que he dejado pasar mientras dormía. No creo que sea un remordimiento inconsciente de gandul, porque me justifica el trabajo que hice en las horas nocturnas. Por otra parte, pienso que me espera otro largo día, y un poco de la noche, para hacer más cosas de mi largo, también, oficio. Leer, corregir pruebas de un libro, aprender consultando un diccionario, pensar un tema para un artículo. O sencillamente vivir.

(Sigue aquí)

Extracto de una entrevista a Espinàs:

¿Qué le estimula a escribir tras más de 11.000 columnas?

-Cada día recibo muchos estímulos. No me imagino vivir sin escribir. Tengo tendencia a la observación y a la comparación. En las escuelas deberían enseñar a observar y comparar, así asocias ideas y surgen cosas nuevas. Eso es creación. Todos mis libros más autobiográficos y los artículos están basados en la observación. Mi lenguaje es poco florido y poco pretencioso. Nunca he querido lucirme. No sé hacerlo. Intento ser preciso con un toque literario. «Ser o no ser», de Shakespeare. No hay nada más sencillo ni más literario.

-En El meu ofici decía que siempre ha huido de las pretensiones del mundo literario.

-No me siento cómodo en ese mundo. Pla le dijo una frase muy buena a un joven escritor que escribía barrocamente: «No dudo de que usted puede llegar a ser un genio pero provisionalmente es un pedante».

Simplemente, genial.

Devastar, infringir, infligir, prever

Usos correctos de varios verbos:

Se escribe, y se dice, devastar, no *desvastar.

Según la Fundéu, esta forma impropia, desvastar, aparece con frecuencia en algunos medios: «El candidato afirma que el Gobierno desvastó el país», «Amos constató que Homs está «totalmente desvastada»», «Centroamérica, desvastada por la pobreza, el crimen y el narcotráfico con complicidad policial».

Este puede ser también el caso de desvastar, ya que en español, además de devastar, existe el verbo desbastar, que significa, entre otras acepciones, ‘quitar las partes más bastas a algo que se haya de labrar’.

No se escribe *inflingir, sino infligir (causar un daño) e infringir (no respetar una norma).

No existe la forma *preveer, sino prever y proveer.

Abrogar, absorber, acceso, hibernar

Una interesante explicación de algunas palabras parónimas:

Podemos sostener entonces que entre invernar e hibernar, entre absorber y adsorber, entre abrogar y arrogar y entre acceso y absceso, pares de vocablos de los que nos ocuparemos esta semana, la relación es de parónima.
(Sigue aquí)


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