Por qué no nos gusta la expresión “para nada”

En el 2001 leímos un dardo de Lázaro Carreter titulado “Para nada”. Desde entonces, nos quedó claro que en español existen otras expresiones más adecuadas.

Os dejo con el párrafo en el que lo explicaba:

Sin embargo, una de las novedades más rápidamente implantadas por nosotros ha sido ésta: -‘¿Tú crees que se irá por fin ese señor? –¡Para nada!’. Esta ingeniosa negación, habita, me parece, entre gente con un punto más de finura que el común, el cual sigue respondiendo no o quia si habla por lo breve, o, si se pone enérgico, optando por ni hablar, de ninguna manera, ni mucho menos, de ningún modo, que te crees tú eso y expresiones así; se exceptúa algún viejo que en sus tiempos estudió latín, y que será capaz de responder, a lo humanista, nequaquam.

La génesis de esta invención parece clara: apareció como simple refuerzo al igual que otras formas de negar; de ‘No lo temo en absoluto’, este rotundo apéndice se autodeterminó, se independizó y pasó a ser un soberano y rotundo no. ‘Lo temes –En absoluto’. Eso mismo ocurrió con este para nada de hace pocos años, a través de fases, como las siguientes, que partían de un depauperado sentido final originario, y que ha llegado a extinguirse del todo: ‘No la dejan salir para nada’, ‘Con esto no tengo para nada’, ‘Su enfado no le sirvió para nada’, ‘En la reunión, para nada intervendrán los ministros’, ‘No cuento para nada’, ‘Ese individuo no me gusta para nada’, etc. Pero María del Monte, en 1990, rechazaba el infundio de que en el Rocío sólo hubiera borracheras; por el contrario, lo que hay, decía, es mucha devoción. Pero le parecían mal unas vallas que ponían para retener a los romeros: ‘A mí, no me gustan para nada’, sentenciaba, sin el más remoto sentido final. Por entonces, en ámbito artístico bien diferente, un personaje de la admirable Paloma Pedrero preguntaba a otro si le estaba dando la tabarra; y éste contestaba ‘No, para nada’. Era ya el paso decisivo: el significado de no había invadido el de para nada; y la ablación del no, hoy tan en auge, vendría a poner un punto de exquisitez a la energía.

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