¿Por qué tantos eufemismos en asuntos centrales sobre la vida (salud sexual, interrupción voluntaria del embarazo…)?

El querido profesor Manuel Casado apunta las causas en este artículo.

 

Por más que la leo, no logro reprimir la reacción de horror que me causa la etiqueta tétrica de los paquetes de cigarrillos: “Fumar mata”. Pero fumadores y no fumadores hemos aprendido a convivir con ese aviso omnipresente. Las autoridades públicas no se andan aquí con rodeos. Al pan, pan. Quizá por ese motivo me resulta extraño que las mismas autoridades envuelvan en pudorosas expresiones eufemísticas la denominación del aborto provocado. Hasta el mismo nombre de la ley (Ley orgánica 2/2010 de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo) parece diseñado por un gabinete de imagen empeñado en vender un producto del que ocultan su verdadera realidad.

Es sabido que cuando se desea hacer “ingeniería social”, se acude antes a realizar la oportuna “ingeniería lingüística”, a acuñar expresiones nuevas para renombrar las cosas de siempre. La “ingeniería lingüística” se apoya en la pretensión de que, si cambiamos las palabras, cambiará la realidad, o al menos su percepción social. Y un recurso privilegiado de la “ingeniería lingüística” es el empleo de eufemismos, un recurso tan viejo como el lenguaje, aunque las ideologías totalitarias del siglo XX lograron sacarle el máximo partido: las dictaduras comunistas, nazi o los nacionalismos radicales han puesto por obra el camuflaje verbal y la manipulación que G. Orwell pronosticó en su novela 1984.

Cierto que no todo eufemismo es manipulador y mendaz: hay eufemismos humanitarios, atenuadores, corteses, como invidente o discapaz; y también eufemismos magnificadores, como los que se emplean para designar ciertas profesiones o establecimientos (empleado de finca urbana “portero”, pedicuro o podólogo “callista”, boutique “tienda”, técnico en limpieza viaria “barrendero”), fenómeno que Delibes bautizó como “revolución de tarjeta de visita”. Aquí me refiero al eufemismo mentiroso o manipulador. El eufemismo consistente en el enmascaramiento, la cosmética al servicio de una ideología. Este tipo de eufemismo, al otorgar una nueva denominación a una determinada realidad, propone una nueva visión de ella, acorde con la ideología que lo acuña. Es el lenguaje políticamente correcto. Pero la realidad designada sigue manteniéndose intacta. De ahí la necesidad de buscar otros sustitutos eufemísticos cuando el uso ha terminado por “contaminar” a la expresión eufemística. Se trata del llamado “efecto dominó”: país atrasado, subdesarrollado, en vías de desarrollo, emergente…

Uno de los productos estrella del eufemismo manipulador es la expresión interrupción voluntaria del embarazo, sigla IVE, para designar el “aborto provocado”, expresión que se ha impuesto en el discurso legislativo y administrativo oficial con la polémica ley orgánica antes citada. Y esa expresión se “ha colado” en el Diccionario de términos médicos de la Real Academia Nacional de Medicina y hasta en el Diccionario académico oficial. En ambos diccionarios se define aborto como “interrupción del embarazo”. Pero, por fortuna, no todos los diccionarios del idioma han incluido ese eufemismo en la definición. El Diccionario del Español Actual (de Manuel Seco, O. Andrés y G. Ramos) y el Diccionario del Español de México, por poner un ejemplo de buenos diccionarios de cada orilla del Atlántico, discrepan de la definición académica oficial. Para el primero, aborto es la “expulsión provocada del feto”. Para el segundo, abortar es “expulsar un feto antes del tiempo en que puede vivir o expulsarlo ya muerto”.

Podrá argumentarse que el significado de interrumpir puede ser también “cancelar, cortar la continuidad de algo”. Y aquí vuelven a discrepar del Diccionario oficial los diccionarios no académicos, que precisan que forma parte del significado de interrumpir el rasgo distintivo ‘durante cierto tiempo y espacio’, motivo por el cual no resulta adecuado aplicar al aborto la noción de “interrumpir”: con el aborto no se “interrumpe” el embarazo, sino que se corta o cancela definitivamente.

Pero aun cuando admitiéramos que abortar es cancelar el embarazo, tal definición seguiría siendo eufemística y un tanto opaca al silenciar lo más importante: que se suprime una vida que comienza; una vida que es, desde el comienzo, distinta de la de la madre, como demuestran los últimos datos científicos sobre la génesis de la vida humana.

Una vida que comienza es siempre asunto de tres: padre, madre e hijo. No parece justo tratar de solucionar la tragedia de un embarazo indeseado con la tragedia superior del aborto. La legislación de un país civilizado del siglo XXI no puede desentenderse de la defensa de los más débiles, el hijo y la madre. Solo una sociedad que protege al débil es una sociedad fuerte y sana. Los poderes públicos deberían facilitar al máximo que los padres que, por lo que sea, se consideren incapaces de hacerse cargo de un niño, encuentren a otros que sí puedan hacerse cargo de él y, además, lo deseen, con lo que se solucionarían dos problemas.

Las palabras son algo más que palabras. No es indiferente nombrar algo de una u otra forma. Si es cierto que fumar mata (y decir que “interrumpe un proceso vital” no sería de recibo), no lo es menos que abortar también. Sabiéndolo o sin saberlo, queriendo o sin querer, cuando usamos el lenguaje estamos dando, con frecuencia, lecciones morales al ningunear determinados aspectos de la realidad y poner el acento en otros.

¿No da que pensar el simple hecho de que haya tanto eufemismo en tantos puntos centrales del debate actual sobre la vida: interrupción del embarazo, derechos reproductivos, salud sexual…? El contenido de la citada ley de 2010 parece que, por fin, se va a cambiar. Esperemos que también se cambie su mismo nombre, para que transparente lo que designa y no engañe a la gente. Ojalá no tengamos que lamentarnos, como tantos intelectuales de Occidente en el siglo pasado, de haber sido complacientes con una mentalidad que quiere cambiarnos las palabras corrientes e imponernos un lenguaje de diseño políticamente correcto, acorde con la ideología imperante. Ojalá llegue pronto el día histórico en que la misma humanidad que un día desterró la lacra de la esclavitud, supere también la monstruosidad del aborto.

La Razón

13 de febrero de 2014. 02:03h

Manuel Casado Velarde- catedrático de la Universidad de Navarra, Instituto Cultura y Sociedad.

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8 Responses to “¿Por qué tantos eufemismos en asuntos centrales sobre la vida (salud sexual, interrupción voluntaria del embarazo…)?”


  1. 1 ALFONSO GERONA LÉRIDA 17 febrero 2014 en 12:25

    Totalmente de acuerdo.
    ALFONSO, desde Lérida (España, Hispania Tarraconensis)

  2. 2 Ester 17 febrero 2014 en 16:17

    En prinicipio habría que aclarar el tema del artículo: ¿es sobre los eufemismos o sobre el aborto? O ¿quzá sea sobre los eufemismos utilizados en el tema del aborto?
    No hay nada nuevo en el artículo sobre los eufemismos en general y el lenguaje políticamente correcto, puesto que son el pan de cada día en política y en toda ideología. Pero creo que el autor de este artículo no tenía necesidad de acudir al “eufemismo manipulador” para aplaudir al gobierno por su cambio en la ley del aborto: andarse con tantos rodeos apelando al sentido justo de las palabras es un poco “manipulador” de por si. El lenguaje que utilizamos traiciona nuestras simpatías, creencias, educación…, a todos, incluído al señor Casado.

    • 3 Ricardo Jiménez 17 febrero 2014 en 17:07

      Gracias por la respuesta.
      En mi opinión no aplaude al gobierno. Descubre los eufemismos manipuladores sobre el aborto.
      Al profesor Casado no le traicionan su educación, ni sus creencias, ni sus simpatías. Ya me gustaría a mí llegar a tener el rigor de ese magnífico profesor y persona, como queda de manifiesto en su prolija obra que usted puede leer.
      Reciba un cordial saludo,

      • 5 Ester 24 febrero 2014 en 12:22

        Si me permite un comentario más, el artículo no representa un ejercicio de lingüística semántica serio, sino que es un artículo de opinión como bien demuestran los comentarios a lo largo de este, de forma notoria la frase final, en la que el profesor Casado pone de manifiesto su aborrecimiento por el aborto. Opinión que respeto como quizá él respete la de las personas a favor del aborto.
        Como el Sr. Casado bien dice, “las palabras son más que palabras” y cada cual intenta utilizarlas a su favor de la mejor manera posible. Al igual que este distinguido profesor. Las palabras de usted también traicionan su admiración por el Sr. Casado, como evidencia su descripción, especialmente cuando le califica de “magnífico profesor y persona”. Quizá esta simpatía hacia él le haya llevado a usted a pensar que yo le estaba criticando en lo personal. Nada más lejos. Como columnista o colaborador asíduo de un periódico y autor de artículos de opinión, el Sr. Casado sabe que sus escritos serán valorados positiva o negativamente. Mi observación sobre su artículo fue el resultado de la conjugación del buen hablar con la política del aborto. Al leer el título creí que se barajarían los diversos eufemismos relacionados con aspectos importantes de la vida (y la muerte). Pero se quedó corto, porque aunque habla de lo explícito de la terminología en los paquetes de tabaco, el Sr. Casado no menciona el resto de terminología relacionada con la vida/muerte que, aunque institucionalizada desde más antiguo, no representa más que meros eufemismos: “ejecución”, “daños colaterales”, “ajusticiar”, “hacerse justicia”… La qüestión no era, como yo pensaba, hablar de eufemismos sobre “asuntos centrales sobre la vida” sino del aborto. Nada más se debate en el artículo. Entonces, ¿por qué no le llama “aborto” de entrada, en lugar de “asuntos centrales sobre la vida”, que no es más que una expresión eufemística?
        No he leído la obra de este catedrático y mucho menos le conozco personalmente. Pero estoy segura de que es hombre de amplios conocimientos y no dudo de su rigor académico. Sin embargo, aunque nadie está en posesión de la verdad absoluta, todos sí tenemos nuestra opinión. Y esa era mi única intención, dejar mi parecer sobre la opinión de un tercero.
        Aprovecho para felicitarle por lo excelente de su blog y por su labor tanto lingüística como social. Saludos cordiales.

      • 6 Ricardo Jiménez 24 febrero 2014 en 15:36

        Gracias por el comentario. Yo también estoy a favor de la vida y en contra de las ejecuciones, de la pena de muerte, del aborto, ‘and so
        on’. Saludos, R

  3. 7 Ester 24 febrero 2014 en 12:34

    Ni que decir tiene, abortar, como ejecutar, asesinar, elhomicidio, ajusticiar, suicidarse, la eutanasia… es matar. La pregunta sería si hay alguna muerte que pueda justificarse y por qué y por quién.


  1. 1 Cuando la realidad molesta, emplea un eufemismo… | comunicarbien Trackback en 4 diciembre 2016 en 17:25

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