Riquer y Newman

(Incluyo el enlace al artículo publicado en LV, ahora en acceso abierto)

Nos ha dejado Martí de Riquer, prestigioso medievalista, cervantista insigne y excelente profesor. Familiares, amigos y lectores nos hemos quedado un tanto desconsolados. Cuántos han comprendido y valorado El Quijote gracias a su obra Para leer a Cervantes. Aunque entristecidos, nos queda su legado como humanista y maestro, y sus obras que el tiempo y el estudio situarán en lugar adecuado. La muerte de Riquer me sorprendió leyendo y estudiando las ideas sobre la universidad de otro gigante del alma máter, John Henry Newman. Primer rector de la Catholic University de Irlanda. Fellow y profesor del Oriel College (Oxford) y fundador del Oratory School. Mantengo una relación profesional con alumnos y profesores de las universidades de Oxford, Cambridge, Lancaster y Birmingham. De ellos me ha cautivado el rigor académico, la profesionalidad y la amabilidad. Les he preguntado, de dónde procede la excelencia de las centenarias instituciones a las que pertenecen. La respuesta la he empezado a encontrar en la lectura de la vida y la obra de los grandes maestros de esas universidades. He empezado por John Henry Newman, cuyas obras Idea of the University y Historical sketches recomiendo leer. Permítanme recordar algunas ideas de Newman, ahora que hemos perdido a Martí de Riquer. Estoy convencido de que el legado de esos gigantes nos permitirá redescubrir y vivir la misión auténtica de la universidad.

Para Newman, la educación universitaria consiste en impartir conocimiento y en entrenar la mente, formar el carácter y adquirir hábitos (Shrimpton, The legacy of John Henry Newman). Es un objetivo de la universidad proponer el nivel mental adecuado y educar de acuerdo con él, y lograr que todos avancen hacia él según su capacidad. “El ojo corporal, que es el órgano para ver los objetos materiales, se nos da por naturaleza. El ojo de la mente, cuyo objeto es la verdad, es obra de la disciplina y el hábito” (Discurso 7.º). ¿Enseñamos esto a nuestros alumnos?

Newman invitaba a que los estudiantes atravesaran el vestíbulo del saber. Así, la educación universitaria eleva el tono intelectual de la sociedad, cultiva la mente y purifica el gusto nacional. Newman invitaba a enseñar a pensar. Decía Juan de Salisbury (siglo XII) que “somos enanos a hombros de gigantes”. El legado de Newman, como el de Riquer y otros profesores, nos permite a nosotros -pobres enanos- subirnos a sus hombros, para ver más allá. Iniciemos una revolución silenciosa y tenaz, a hombros de gigantes: enseñemos a pensar para que los universitarios no sean “especialistas sin alma, vividores sin corazón” (Max Weber), sino profesionales competentes, excelentes ciudadanos y mejores personas.

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