De QUEVEDO

Quevedo[1]

 

Retirado en la paz de estos desiertos,

con pocos, pero doctos libros juntos,

vivo en conversación con los difuntos

y escucho con mis ojos a los muertos.

Si no siempre entendidos, siempre abiertos,

o enmiendan, o fecundan mis asuntos;

y en músicos callados contrapuntos

al sueño de la vida hablan despiertos.

Las grandes almas que la muerte ausenta,

de injurias de los años, vengadora,

libra, ¡oh gran don Josef!, docta la emprenta.

En fuga irrevocable huye la hora;

pero aquella el mejor cálculo cuenta

que en la lección y estudios nos mejora.

 


[1] QUEVEDO, F. de (1977). Poemas escogidos. Madrid, Ed. Castalia, pág. 97.

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