Retrato caricaturesco

Me ha gustado el retrato caricaturesco de S. Pàmies en La Vanguardia de ayer:
Seamos positivos
01/02/2013
página 34

Sergi Pàmies

Un hombre ocupado te invita a almorzar. Llega con mucho retraso, pero en lugar de disculparse, te cuenta, con pelos y señales, por qué los hombres ocupados nunca llegan a la hora. Sin dejar de atender la pantalla de su lapollaphone, insinúa que, para los que esperáis a hombres ocupados como él, no deja de ser un privilegio tenerlos como amigos, conocidos o saludados. Trata a los camareros con un cordial desprecio, elige qué vais a comer (el exasperante y maléfico surtido de platos japoneses) y suelta un monólogo sobre la única cuestión que le interesa: él. Durante el almuerzo, no deja de atender llamadas de otros hombres ocupados.

El hombre ocupado no produce nada en el sentido más tangible del verbo producir. Desde la sociedad civil, afirma, trabaja para el país las veinticuatro horas del día. Coordina, conspira, compra, vende, organiza, encauza, preside y, sobre todo, intimida. Destila una hiperactividad que no coincide con lo que era cuando lo conociste: un profesional eficaz, discreto y trabajador. Con los años, se le notan la manicura, los tratamientos de láser para borrar inoportunas manchas de envejecimiento, la caspa disfrazada de descamación y una halitosis con fragancias de consejo de administración y notas de cloaca.

No te ha invitado para charlar con un viejo conocido sino porque, siguiendo la ruleta de su exuberante agenda, le proporciones la oportunidad de tener un interlocutor pasivo que actúe como espejo. Así no tendrá que enfrentarse a dos horas de soledad que romperían su inercia y no le permitirían exhibir una vanidad teratológica. Mientras, sin dejar de comer y de beber, responde a la enésima llamada que no puede esperar, te cuenta mímicamente con qué político, directivo de fútbol, magistrado, empresario, periodista, palanganero o experto en fundaciones está hablando. En otro momento, y contraviniendo las mínimas normas de discreción, te obliga a leer los mensajes que explican parte de esta realidad a la que los que no sois hombres ocupados no podéis acceder. Al pedir la cuenta, interpreta la danza del macho que abre su cartera, deja caer cuatro tarjetas de crédito y la foto de sus hijos y te pregunta cómo está tu madre (“muerta”, cometes el error de recordarle, olvidando que tu respuesta se la pela). Al despediros -en la calle, mientras él, nervioso, busca a su chófer con la mirada-, te pone una mano en el hombro y te dice que, a veces, lee esos artículos que escribes en el periódico. Y, en un tono que, pese a ser aparentemente amable, tú relacionas con dos piernas enyesadas y la cabeza guillotinada de un caballo, te sugiere que, por el bien de nuestra querida Catalunya, seas más positivo.

Leer más: http://www.lavanguardia.com/opinion/articulos/20130201/54364973801/seamos-positivos-sergi-pamies.html#ixzz2JjbVya9J

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