Superlativos

De superlativos y otras zarandajas…

Hace algunos decenios, asistimos al nacimiento de unas tiendas grandes donde se vendían productos de diferentes gremios y que se bautizaron como supermercados. Aunque el prefijo super– puede significar, según la RAE, encima de (superponer), preeminencia o excelencia (superdotado), en grado sumo (superlimpio) o exceso (superproducción), los supermercados no nacieron como unos mercados situados en el piso de arriba de los otros, ni preeminentes, ni más grandes: empezaron como tiendas grandes, luego de superficies considerables, que hoy conviven con los microsupermercados de los barrios populares.

Luego vinieron los hipermercados, unos supermercados a lo bestia, ubicados fuera de los núcleos urbanos. En ambos casos, ha triunfado el acortamiento, que se ha lexicalizados con su tilde ortográfica y su plural a la inglesa: súper, súpers; híper, hípers; aunque la RAE considera que el plural debería ser invariable: los súper y los híper.

A estos prefijos la gramática los considera “de grado extremo” y los marca como equivalentes a los sufijos –ísimo, –érrimo. Así, modernísimo es como supermodernoaunque no lo parezca. Los prefijos ultra-mega- también pertenecen a esta familia de grados extremos. El primero significa más allá (los clásicos ultramarinos) y también da la idea de exceso (ultrafino). Pero la publicidad, siempre superlativa, ya publicita los jabones ultracremosos. Se ve que con súper, híper y mega resultaban demasiado secos. El siguiente paso será calcar el supercalifragilisticoexpialidoso de Mary Poppins y publicitar el jabón superhipermegaultracremoso.

El segundo prefijo, mega-, ha alumbrado otro tipo de establecimientos: las megatiendas, centradas en un sector de productos con una amplia oferta de marcas. (Aún no existen las ultratiendas: quizá las conoceremos en la ultratumba.) Asimismo, mega ha cobrado notoriedad por haber sido el prefijo de moda para referirse a la capacidad de los discos duros de ordenadores y de otros ingenios electrónicos de nombres impronunciables. Sin embargo, por muy megamoderno que sea el prefijo de los megabytes (un millón de bytes), lo cierto es que tiene los días contados. Ahora lo que se lleva ya no son ni siquiera los gigabytes (millardos), sino los terabytes, un billón de bytes. Esas unidades de información compuestas de ocho bits han llegado ya a los doce ceros. Luego vendrán los petabytes, con quince ceros, y los exabytes, los trillones, con nada menos que dieciocho ceros, cifra que, no lo duden, quedará extramona.

Por Magí Camps

La Vanguardia. Barcelona (España) Lunes, 21 febrero del 2011.

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