¿Y si somos coherentes?

Excelente artículo publicado en La Vanguardia (09-09-2010), página 20. Una invitación a la coherencia.

Burka frente a prostitución

Violeta Ruiz Almendral
La imagen de una mujer cubierta con un burka o un niqab resulta a veces inquietante. Pero me pregunto cómo podemos justificar la prohibición del burka cuando permitimos la prostitución. Hay tres razones para prohibir el burka: la seguridad – aunque recordemos que se cometen más atentados con mochilas que con burka-;que es discriminatorio, vejatorio e indigno para la mujer, y que no es una elección libre sino algo impuesto por maridos, hermanos, madres o suegras – no olvidemos el central papel de la mujer en la represión de sus congéneres-.

Pensemos ahora en la prostitución. Hay estudios (como el realizado recientemente por el American Journal of Epidemiology) que muestran que la esperanza de vida de una prostituta en EE. UU. es de 34 años. Otros muestran que cerca del 80 por ciento de las prostitutas han sufrido abusos de niñas y la mayoría son toxicómanas. Las condena al ostracismo o a la doble vida y en general tiene efectos devastadores sobre la salud física (abortos, enfermedades que pueden llegar a ser mortales, drogadicción) y psíquica (depresiones, baja autoestima). Podemos afirmar que en la prostitución concurren, multiplicados, los tres problemas del burka: primero, la prostitución crea problemas serios de seguridad ciudadana y salud pública. Segundo, es discriminatoria porque afecta fundamentalmente a mujeres que se someten a hombres, perpetuándose una imagen denigrante de la mujer que perjudica el avance en la igualdad. Y tercero, no suele ser una elección libre (menos del 1 por ciento de las putas son como Julia Roberts en Pretty woman).

Según algunos estudios, prohibir la prostitución sólo agrava las cosas, salvo que se criminalice al usuario como en Suecia. Quizá habría que hacer algo similar con el burka y penalizar a quien lo impone, no a la que lo lleva. Aunque la única vía segura para erradicar fenómenos que comportan una desigualdad intolerable de la mujer es una inversión seria en la educación femenina y también del hombre.

Pero sobre todo, creo que la prohibición del burka es oportunista, poco reflexionada e hipócrita. Porque si de verdad se trata de prohibir lo que es malo para la mujer, ¿no habría que empezar por lo que es realmente malo?

V. RUIZ , profesora titular de universidad y profesora invitada en la London School of Economics

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