Siglas y alfónimos

MC plantea una alternativa a las siglas en su artículo “Un mar de siglas”. Los alfónimos, creación de J. Martínez Sousa.

Os dejo con el artículo completo:

Un mar de siglas

(Las palabras señaladas en negrita son del bloguero)

Vivimos inmersos en un magma de siglas y acrónimos, seguramente por influencia del inglés. El colmo de la insensatez es cuando a todo un presidente ejecutivo lo llaman CEO, siglas de chief executive officer.

El castellano nunca le ha hecho asco a las siglas… siempre y cuando se puedan leer con comodidad. Ya hace decenios que, a partir del acrónimo inglés, se lexicalizaron el radar (radio detecting and ranging) y el sónar (sound navigation and ranging). Más recientemente entró en el diccionario el sida (síndrome de inmunodeficiencia adquirida) y luego la opa (oferta pública de adquisición). Este singular término económico ha dado lugar a derivados populares: el verbo opar y el adjetivo opado. Sin embargo, su pareja de baile, la oferta pública de venta (OPV), no ha tenido tanta suerte. ¿La razón? Porque, al carecer de vocales, no se lee como una palabra normal.

La opa pierde las mayúsculas al formar dos sílabas pronunciables, mientras que la OPV se mantiene erguida y se pronuncia letra por letra. La solución es el alfónimo. Descubro este término gracias a José Martínez de Sousa, lexicógrafo enciclopédico e incansable. Un alfónimo es un neologismo formado por la escritura del nombre de las letras que forman la sigla de un sintagma o enunciado. Así, a OPV le corresponde el alfónimo opeúve. Feo, ¿verdad?

Feo porque el castellano no tiene tradición alfónima. El diccionario registra poquísimos casos, y aun así los hace remitir a la sigla. El elepé, por ejemplo, que está redirigido a LP. Igual que LP, escribimos CD, ONG o SMS, y así funcionamos sin demasiados problemas. Son siglas que el hablante emplea en muchos casos desconociendo de dónde proceden. El conflicto aparece en el plural. El castellano, en principio, no admite fórmulas como añadir una ese (ONGs u ONG’s), y la duplicación queda reservada para secuencias de palabras en plural: EE.UU., JJ.OO. o CC.OO.

Si va precedida de un determinante, mantener la sigla sin marca de plural no distorsiona la lectura (“unas ONG”), pero si no lo lleva y hay que esperar a que aparezca el verbo en plural para saber que hay más de una ONG, entonces la frase chirría: “ONG de África protestan…”.

La dinámica de la lengua pide la generalización del uso de los alfónimos, tal como reclama desde hace tiempo Martínez de Sousa. Con este paso, desaparecerían esas mayúsculas confusas y se podría escribir con claridad que hay oenegés de África que protestan por algo o que los cedés desaparecerán del mercado más pronto que tarde.

La Vanguardia, Magí Camps

19/07/2010

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