ATC, un eufemismo irreal

El vigilante del faro recuerda que una central eléctrica (instalación que genera energía eléctrica) no es una planta energética. En algunas noticias sobre el accidente de una central en Middletown (Estados Unidos) el vigilante ha leído la expresión “planta energética”, calco de la expresión inglesa: ‘energy plant’.

Ese calco del inglés, me recuerda otras expresiones que hemos mencionado aquí. Unas expresiones que hacen las delicias de algunos políticos, quizá por miedo a llamar pan pan y al vino vino, quizá por desconocimiento del español.

Esas expresiones encierran un peligro. Que las palabras no designen la realidad. Y no estamos tan lejos. En España, desde hace unas semanas, diversos pueblos se han ofrecido para construir en su término municipal un ATC (Almacén Temporal Centralizado). Y nos preguntamos, almacén ¿de qué? ¿De hortalizas? ¿de tejas? ¿de cartón? ¡No! Un almacén de residuos nucleares. ¿Y por qué no le llaman “cementerio nuclear”? Imagino que por miedo, no por desconocimiento.

ATC, un eufemismo irreal.

Mucha razón tiene el análisis de Magí Camps, publicado en La Vanguardia.

Maquillaje nuclear

El futuro almacén temporal centralizado ha conseguido hacer famosas sus iniciales, la sigla ATC. Observe el lector que un almacén temporal centralizado, a bote pronto, bien pudiera ser uno de esos guardamuebles de los que echamos mano en tiempos de mudanza, bien el lugar en que los distribuidores concentran sus productos para a continuación repartirlos por la red de puntos de venta… Ahora bien, poner ese nombre a un almacén de “residuos radiactivos” es, como mínimo, tendencioso.

Sin apellidos. El ATC ha acabado siendo un nombre sin apellidos, un nombre común que esconde su verdadera estirpe, la que va ligada a la historia de la energía nuclear. Si no fuera así, al nombre de “almacén temporal centralizado” los periodistas no nos veríamos obligados a añadirle apellidos: “de residuos radiactivos”.

Siglas que enmascaran. Con el almacén se ha optado por las siglas: ATC (MTC en la versión catalana). Así, la ocultación es doble. Cuando uno quiere saber qué significan esas iniciales, puede quedar contento con el desarrollo de la sigla: almacén temporal centralizado. Contento y engañado, porque, como ya se ha dicho, un ATC pude ser mil cosas, empezando por el guardamuebles. Del mismo modo, el ATI, el almacén transitorio individual. Y aún la AMAC, que es la Asociación de Municipios en Áreas con Centrales Nucleares. Una espesa sopa de letras para no decir en voz alta las palabras malditas.

¿Temporal? Pero la intención de ocultar la realidad, de maquillar la verdadera función de la instalación va más allá. Al eufemismo se añade la imprecisión en la definición: almacén ¿temporal? Los residuos permanecerán allí de 60 a 100 años. ¿Es ese el sentido de temporal que tenemos la mayoría de los mortales? Claro que los residuos emitirán radiación durante cientos, incluso miles de años. Sólo así se entiende que esa sesentena de años a alguien se le haya ocurrido llamarla ¡temporal!

´Cultura´ nuclear. Las poblaciones que pertenecen a la AMAC tienen, además, cultura nuclear. Es decir, se plantean de una manera natural la posibilidad de optar a la construcción del almacén. Esta circunstancia difícilmente se da en los municipios que no viven a la sombra de las chimeneas nucleares, pero hoy la crisis ha empujado a otras urbes a postularse como futura sede del almacén; la tercera, tras Ascó y Yebra, ha sido Villar de Cañas, en Cuenca. Y a última hora se han añadido algunas más.

´Cementeri´. El genio de la lengua no se deja engañar. Poco importan las siglas, los eufemismos o las palabras imprecisas: eso es un cementerio nuclear y punto. Además de los cementerios para los humanos, ahora hay otros, como los de coches o este por el que Ascó se postula. Y en el catalán de Ascó, la palabra es cementeri, como en Esterri, Llavorsí, Fraga, Tortosa, Benassal, Valencia, Alzira, Pego o Alcoi, por citar los ejemplos que da el diccionario Alcover-Moll. El IEC acoge como formas normativas cementiri y cementeri.Pero aún hay más variantes dialectales: cementir,cimenteri,ciminteri y cimintiri.

Atómico. Hoy se habla de energía nuclear y de radiactividad, que son palabras con una alta carga energética. Pero no se emplea el término atómico. La energía que nace de la fisión o la fusión del núcleo del átomo comenzó llamándose atómica y se cambió por nuclear. Las dos palabras son correctas y precisas, pero la primera quedó marcada para siempre por las bombas. Hoy, nuclear y radiactivo también tienen connotaciones negativas, por ello el paso siguiente ha sido el de la profilaxis de la sigla.

Ascó y Vandellòs. El bombardero estadounidense Enola Gay lanzó sobre Hiroshima, en 1945, la primera bomba atómica. Junto con Nagasaki, estas dos ciudades japonesas han pasado a la historia atómica mundial. En Catalunya, las dos poblaciones nucleares son Ascó y Vandellòs. Será muy difícil que sus nombres lleguen a disociarse del de las centrales atómicas, que llegarán a borrar sus bucólicos orígenes: Ascó, del iberovasco azko,que significa tejón. Y la latina Vandellòs, vall de llors, valle de laureles.

La Vanguardia, Magí Camps

Domingo, 31 enero 2010

Páginas, 32-33

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