en loor de multitudes

En la columna de la defensora del lector de La Vanguardia, la autora recogía la protesta de una lectora. Lamentaba que el titular de una noticia fuera erróneo.

Copio aquí el titular y la noticia:

* Una visita sin olor de multitudes

Obama no se ha encontrado multitudes aclamándole en este viaje. Quízás le siente bien a su ego. El presidente, su esposa y sus hijas llegaron más tarde de lo esperado y acudieron al ritual homenaje al soldado desconocido junto a las murallas del Kremlin. Su hotel, el Ritz Carlton (no se han alojado ni en una residencia oficial para invitados ni en la embajada) queda cerca, con vistas a la plaza Roja. El público ruso no tiene ningún motivo para admirar a un presidente estadounidense desde hace muchos años, y además los medios de comunicación -la televisión en particular-no han abundado en la importancia de la visita.

(LV, 7 de julio, página 3)

En efecto, se trataba de un titular erróneo. No se escribe *”en olor de multitudes” sino “loor de multitudes“. “Loor” quiere decir “elogio, alabanza”. Se suele confundir esa expresión y se escribe erróneamente *”olor de multitudes” quizá por la confusión con la expresión “en olor de santidad” y, sobre todo, con las gracias que resultan de la expresión errónea *”en olor de multitudes”.

El DPD aclara que:

en olor de multitud(es). Locución adverbial que significa ‘con la admiración y la aclamación de muchas personas, en medio del fervor y el entusiasmo de mucha gente’: «Ese año, en abril, regresó de la cita de mandatarios hemisféricos de Punta del Este en olor de multitud» (Expreso [Perú] 9.7.97); […]. Su uso es bastante reciente y se origina por analogía con construcciones adverbiales formadas por en olor de + un sustantivo abstracto de cualidad. Estas construcciones existían ya en latín y los primeros testimonios en español proceden, precisamente, de traducciones medievales de la Biblia: «Andat en amor assí cuemo Christo nos amó, e diosse él mismo por nos, hostia e offrenda a Dios en olor de mansedumbre [lat.: in odorem suavitatis]» (Nuevo Testamento I-j-6 [Esp. 1260]). En ellas la palabra olor está usada en sentido metafórico, pues se entiende que la cualidad expresada se exhala como un aroma, lo que es indicio o prueba de su existencia. Este uso metafórico es frecuente en textos medievales y clásicos, y se refiere normalmente a virtudes, aunque ocasionalmente, también, a cualidades negativas: «La olor mansa de piadat de Nuestro Ssennor conorta los ssentidos del alma» (Alfonso X Setenario [Esp. 1252-70]); «Cuasi todos tus pasos y meneos tenían olor de soberbia, y todos iban vestidos de vanidad» (Granada Oración [Esp. 1554]). De aquí deriva su empleo con el sentido de ‘fama o reputación’, recogido en el Diccionario de Autoridades: «No dexó de difundirse en muchas partes el precioso olor de sus admirables perfecciones» (Torres Gregoria [Esp. 1738] 325); así pues, la construcción en olor de equivale a ‘con fama o reputación de’: «El mundo podrá tenerla a usted en olor de infalibilidad; yo, no» (Galdós Perfecta [Esp. 1876]); «Mata uno los [enemigos] que puede, y cae en olor devalentía» (Montalvo Catilinarias [Ec. 1880-82]). Especialmente frecuente era la construcción en olor de santidad —como complemento, casi siempre, del verbo moriren cuyo origen, además de la metáfora aludida, cabe suponer que influyó la creencia extendida de que el cuerpo incorruptible de los santos exhala realmente, en el momento de la muerte, un olor especial. Esta construcción sigue vigente en el español actual: «Muchos que en España vivían en olor de santidad, como el mercedario Blas de Ocampo, no más hubieron respirado el aire de Chile se vieron de tal modo transformados e irreconocibles que no cabía duda de que Satán era el que aquí dictaba la ley» (LabarcaButamalón [Chile 1994]); «Varios ecuatorianos de admirables virtudes, muertos en olor de santidad, iluminan con su apostolado social el siglo xix» (Salvador Ecuador [Ec. 1994]). Por analogía con estas construcciones ha surgido en olor de multitud(es), que aunque presenta la particularidad de no estar formada con un sustantivo abstracto de cualidad, sino con el sustantivo concreto multitud(es), sí responde al sentido de ‘rodeado de, envuelto por’ que tiene en olor de en textos del siglo xx: «Inglaterra está ya en olor de melancolía por su pasado» (Miquelarena Inglaterra [Esp. 1951]); «“Nací le contesté en olor de diplomacia”. Efectivamente, desde los corredores luminosos de la infancia hasta los umbrales oscuros de la adolescencia, la parafernalia diplomática acompañó mi despertar al mundo» (Tiempo [Col.] 2.1.88); «Utilizando la comparación con la reestructuración en la Unión Soviética, podría decirse que mientras Mijail Gorbachov llegó al poder en olor de esperanza, Salinas llega en olor de escepticismo» (País [Esp.] 2.12.88). Su uso, pues, puede considerarse aceptable. El hecho de que el sentido recto, no metafórico, de la palabra olor dé lugar a interpretaciones jocosas de la locución en olor de multitud(es) ha hecho que, en los últimos años, muchas personas sustituyan olor por loor, palabra que, por significar ‘elogio o alabanza’, encaja mejor para el hablante actual con el valor de la locución; pero se trata de una ultracorrección que debe evitarseMarca de incorrección.«Llegó anoche a la capital en loor de multitudes, en medio del júbilo desaforado de una gente que le aclamaba como el libertador» (País [Esp.] 21.5.97); la construcción en loor de (‘en alabanza de’) es frecuente y correcta, pero va seguida siempre del sustantivo que expresa la persona o cosa a la que va dirigida la alabanza, no del sustantivo que expresa quién la realiza”

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2 Responses to “en loor de multitudes”


  1. 1 Manuel 7 agosto 2009 en 15:37

    error!

    cito textualmente de
    http://www.libertaddigital.com/opinion/amando-de-miguel/frases-y-expresiones-35258/

    Fausto Deza me recrimina el uso de en olor de multitudes como “una de las expresiones erróneas más desafortunadas y malsonantes que existen”. Para don Fausto “la expresión correcta es en loor de multitudes”. La cual “se ha corrompido en tan desagradable resultado [en olor de multitudes] como consecuencia, seguramente, del analfabetismo funcional que impera en los profesionales de la comunicación […] Se trata de una forma de hablar impuesta por unos cuantos”. Pues no, señor; no tiene usted razón. Reconozco mi analfabetismo funcional y mi ignorancia, pero en este caso ─lo siento─ las cosas son al revés de cómo usted pregona. En olor de multitudes es una lógica derivación de en olor de santidad. Simplemente al descubrir los cadáveres de algunas personas tenidas por santas, se verificaba que sus cuerpos no se habían corrompido. La piadosa leyenda era que de esos cadáveres incorruptos emanaba una natural fragancia muy agradable; era el “olor de santidad”. El juicio no lo establecía ningún tribunal, sino el pueblo congregado en la plaza, la multitud. Es lógico, por tanto, que el carisma de una persona viva se reconociera por el recibimiento que le hacía el pueblo. De esa manera, el personaje en cuestión se sentía acogido “en olor de multitudes”.

    La cosa viene de lejos. Odor urbanitatis decía Cicerón, esto es, “aroma de elegancia”. En español se emplea correctamente “en olor de…” (se completa con cualquier sustantivo ponderativo). Covarrubias escribe en el Tesoro: “Olor: la fragancia que echan de sí las cosas que se evaporan; algunas veces es malo y otras bueno”. El Diccionario de Autoridades dice de olor: “Metafóricamente se entiende en las cosas morales por fama, opinión y reputación”. Precisamente de esa ambivalencia resulta la incomprensión popular de la expresión metafórica en olor de multitudes. En su lugar, hace unos pocos lustros se empezó a decir en loor de multitudes, pero esa expresión sí es producto del analfabetismo disfuncional. La transmutación es la consecuencia de no entender la estupenda ambivalencia de olor. La suprema elegancia del lenguaje está en que muchas palabras mantienen distintos significados, incluso contradictorios. Quien no sepa entender esa cualidad del lenguaje, por favor, que no escriba.
    Definitivamente el DPD (Diccionario panhispánico de dudas) reconoce la locución en olor de multitudes: “con la admiración y la aclamación de muchas personas, en medio del fervor y el entusiasmo de mucha gente”. Añade el DPD que la versión “en loor de multitudes” [es] “una ultracorrección que debe evitarse”.

    🙂


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