“Las pantallas os devoran; los libros os alimentan” (vídeo 4′). Alegato del ministro Bruno Le Marie. Excelente.

Unos abogados muy valiosos, dicho sea de paso, me han preguntado cuándo se escriben los números con cifras y con palabras… Pues la RAE recomienda…

En el DPD lo siguiente:

1.1. Se escribirán preferentemente con letras:

a) Los números que pueden expresarse en una sola palabra, esto es, del cero al veintinueve, las decenas (treinta, cuarenta, etc.) y las centenas (cien, doscientos, etc.): Me he comprado cinco libros: tres ensayos y dos novelas; Este año tengo cincuenta alumnos en clase; A la boda acudieron trescientos invitados.

b) Los números redondos que pueden expresarse en dos palabras (trescientos mil, dos millones, etc.): Acudieron cien mil personas a la manifestación; Ganó tres millones en un concurso.

c) Los números que se expresan en dos palabras unidas por la conjunción y (hasta noventa y nueve): Mi padre cumplió ochenta y siete años la semana pasada; En la Biblioteca de Palacio hay treinta y cinco manuscritos.

No es recomendable mezclar en un mismo enunciado números escritos con cifras y números escritos con letra; así pues, si algún número perteneciente a las clases antes señaladas forma serie con otros más complejos, es mejor escribirlos todos con cifras: En la Biblioteca de Palacio hay 35 manuscritos y 135 226 volúmenes impresos, 134 de ellos incunables.

d) En textos no técnicos es preferible escribir con letras los números no excesivamente complejos referidos a unidades de medida. En ese caso, no debe usarse el símbolo de la unidad, sino su nombre: Recorrimos a pie los últimos veinte kilómetros (no los últimos veinte km). Cuando se utiliza el símbolo, es obligado escribir el número en cifras.

e) Todos los números aproximados o los usados con intención expresiva: Creo que nació en mil novecientos cincuenta y tantos; Habría unas ciento cincuenta mil personas en la manifestación; ¡Te lo he repetido un millón de veces y no me haces caso!

f) Los números que forman parte de locuciones o frases hechas: No hay duda: es el número uno; Éramos cuatro gatos en la fiesta; Te da lo mismo ocho que ochenta; A mí me pasa tres cuartos de lo mismo.

1.2. Se escribirán con cifras:

a) Los números que exigirían el empleo de cuatro o más palabras en su escritura con letras: En verano la población asciende a 32 423 habitantes (más claro y de comprensión más rápida que treinta y dos mil cuatrocientos veintitrés). En algunos documentos, como cheques bancarios, contratos, letras de cambio, etc., por razones de seguridad, la expresión en cifras va acompañada normalmente de la expresión en palabras: Páguese al portador de este cheque la cantidad de veinticinco mil trescientos treinta y ocho euros.

b) Los números formados por una parte entera y una decimal: El índice de natalidad es de 1,5 (o 1.5, en los países que usan el punto como separador decimal) niños por mujer. También en este caso, en cheques bancarios, contratos, letras de cambio, etc., la expresión numérica suele acompañarse de la expresión lingüística: Páguese al portador de este cheque la cantidad de mil doscientos treinta y cuatro euros con veinticinco céntimos. El sustantivo cuantificado por una expresión numérica decimal, incluso si esta designa cantidad inferior a la unidad, debe ir en plural: 0,5 millones de pesos (y no 0,5 millón de pesos).

c) Los porcentajes superiores a diez: En las últimas elecciones votó el 84% de la población. No debe dejarse espacio de separación entre el número y el signo %. Hasta el diez suele alternar el empleo de cifras o palabras en la indicación de los porcentajes: El 3% (o tres por cientode los encuestados dijo no estar de acuerdo con la medida. El símbolo % debe leerse siempre «por ciento», no «por cien», salvo en el caso del 100%, que puede expresarse en letras de tres modos: cien por cien, cien por ciento o ciento por ciento. No debe usarse el signo % cuando el porcentaje se expresa con palabras (el tres %). Tanto si se escribe con cifras como con palabras, la expresión de los porcentajes debe quedar dentro de la misma línea: 3 / %, tres / por ciento, tres por / ciento.

d) Los números referidos a unidades de medida, cuando van seguidos del símbolo correspondiente: Madrid dista 40 km de Guadalajara; Mañana se alcanzarán los 35 ºC. No se deben escribir en líneas diferentes la cifra y el símbolo: 40 / km, 35 / ºC.

e) Los números seguidos de la abreviatura del concepto que cuantifican: 5 cts. (‘cinco céntimos’), 45 págs. (‘cuarenta y cinco páginas’), 2 vols. (‘dos volúmenes’). No se deben escribir en líneas diferentes el número y la abreviatura: 5 / cts.

f) Los números pospuestos al sustantivo al que se refieren (expresado o no mediante abreviatura), usados para identificar un elemento concreto dentro de una serie: página 3 (o pág. 3), habitación 317 (o hab. 317), número 37 (o núm. 37), tabla 7, gráfico 15, etc.

2. Ortografía de los números escritos con cifras. Para escribir correctamente los números expresados en cifras, debe tenerse en cuenta lo siguiente:

a) Al escribir números de más de cuatro cifras, se agruparán estas de tres en tres, empezando por la derecha, y separando los grupos por espacios en blanco: 8 327 451 (y no por puntos o comas, como, dependiendo de las zonas, se hacía hasta ahora: 8.327.451; 8,327,451). Los números de cuatro cifras se escriben sin espacios de separación: 2458 (no 2 458). En ningún caso deben repartirse en líneas diferentes las cifras que componen un número: 8 327 / 451.

b) Nunca se escriben con puntos, comas ni blancos de separación los números referidos a años, páginas, versos, portales de vías urbanas, códigos postales, apartados de correos, números de artículos legales, decretos o leyes: año 2001, página 3142, código postal 28357.

c) Para separar la parte entera de la decimal debe usarse la coma, según establece la normativa internacional: El valor de π es 3,1416. No obstante, también se admite el uso anglosajón del punto, extendido en algunos países americanos: El valor de π es 3.1416.

d) Las cantidades que tienen como base un sustantivo de significación numeral como millón, millardo, billón, trillón y cuatrillón, siempre que, al menos, las tres últimas cifras de su escritura en números sean ceros, podrán abreviarse mezclando el uso de cifras y letras en su escritura: 327 millones, 3,6 billones, 2 cuatrillones. Son sustantivos, entre otras cosas, porque si se expresa el elemento que cuantifican, este debe ir precedido de la preposición de: 327 millones de habitantes, 2 millardos de dólares. Este método abreviado no es válido para las cantidades en miles, ya que mil no es un sustantivo (la forma sustantiva es millar), sino que forma parte de adjetivos numerales compuestos de dos palabras, en cuya escritura no deben mezclarse cifras y letras; así, no debe escribirse 154 mil personas o 12 mil millones, por la misma razón que no escribimos 30 y siete ni cincuenta y 4. Debe escribirse 154 000 personas, 12 000 millones (o doce mil millones).

e) En la expresión abreviada de los numerales ordinales, se utilizan cifras seguidas de letras voladas. Como corresponde a las abreviaturas, se escribirá punto entre la cifra y la letra volada: 1.º (primero), 2.ª (segunda), 3.er (tercer).

¿Por qué escribir a mano? (de un artículo de Rubén Amón).

Después de leer y releer el artículo de Rubén Amón, selecciono y copio un párrafo que me ha parecido oportuno.

«Hay razones culturales, simbólicas. Como parece haberlas funcionales. El esmero de la buena letra, dicen algunos expertos, activa las redes neuronales y predispone las relaciones del área motora, visual y cognitiva. La memoria también se enfatiza cuando escribimos a mano, mucho más que en el caso de un SMS. Tomamos conciencia. Damos fe. Y otorgamos a las palabras una dimensión más física».

Rubén Amón, «¿Para qué sirve escribir a mano?», El Confidencial, 27/11/2020.

https://www.elconfidencial.com/cultura/2020-11-27/escribir-mano-caligrafia_2849200/

El peculiar esquema de negación del español. vía @RAEinforma

¿Por qué decimos en español “Jamás lo haré” y, si el adverbio “jamás” se sitúa detrás del verbo, aparece el adverbio “no”: “No lo haré jamás”.

la Real Academia Española lo explica con claridad:


“En español existe un esquema particular de negación, que permite combinar el adverbio no con la presencia de otros elementos que tienen también sentido negativo.

Los adverbios nunca, jamás, tampoco, los indefinidos nadie, nada, ninguno, la locución en la/mi/tu/su vida y los grupos que contienen la palabra ni aparecen siempre en oraciones de sentido negativo. Si estos elementos van antepuestos al verbo, este no va acompañado del adverbio de negación no: Nunca voy al teatro; Él tampoco está de acuerdo; Jamás lo haré; Nadie lo sabe; Nada de lo que dice tiene sentido; Ninguno de ellos es actor; En su vida lo conseguirá; Ni su padre lo perdonaría. Pero si van pospuestos al verbo, este debe ir necesariamente precedido del adverbio no: No voy nunca al teatro; Él no está de acuerdo tampocoNo lo haré jamásNo lo sabe nadieNo tiene sentido nada de lo que dice; No es actor ninguno de ellos; No lo conseguirá en su vida; No lo perdonaría ni su padre. La concurrencia de esas dos «negaciones» no anula el sentido negativo del enunciado, sino que lo refuerza.”.

Una reflexión sobre la escritura

«Escribir bien (…) presupone reflexionar, ser ordenado, claro, poseer capacidad de análisis y de síntesis, usar bien el idioma, dominar (…) el léxico, saber acomodar lo que hay que decir al objetivo y destinatario del discurso».

«Y ello presupone (…) reflexión, silencio, capacidad de aislarse, de desconectarse de la tele, del mp3, del móvil, del videojuego. Ya lo advirtió Pascal: “Si se consigue estar sentado en una silla, en silencio y a solas, en una habitación, es que se ha recibido una buena educación”».

Manuel Casado (2020) Lenguaje, valores y manipulación. Barañáin: Eunsa, p. 39.

Presidential debate: Decoding Trump and Biden’s body language (video, 2′:46”) by @bbc October 22nd 2020

“US President Donald Trump and his White House challenger Joe Biden have taken part in their final live TV debate.

What did their body language reveal, and how well did they get their messages across?”

Vhttps://www.bbc.com/news/av/world-us-canada-54661152ideo

Salvad la #ortografía (y a los estudiantes) por Norbert Bilbeny

Magnífico artículo del filósofo y profesor N. Bilbeny

https://www.lavanguardia.com/opinion/20201014/484054968710/salvad-la-ortografia.html#click=https://t.co/67OYtNtae9

Estas ideas de John Henry #Newman sobre la #escritura son para enmarcar

«Escribir es una manera superior a cualquier otra de estimular las facultades mentales, el talento lógico, la originalidad, la capacidad de ilustración y la articulación de los temas». (La predicación universitaria. Punto 6).

John Henry Newman, La idea de la Universidad. II: 
Temas universitarios tratados en lecciones y ensayos ocasionales, 
Madrid: ediciones Encuentro, 2014, página 138.

«La regla es: piensa primero y escribe después. No escribas si no tienes nada que decir. Si lo haces, vas a armarte un lío fenomenal». (Estudios elementales. 2. La composición)

John Henry Newman, La idea de la Universidad. II: 
Temas universitarios tratados en lecciones y ensayos ocasionales, 
Madrid: ediciones Encuentro, 2014, página 138.

«Hasta que uno no se pone a escribir, negro sobre blanco, lo que piensa acerca de un tema, no podrá asegurar qué sabe y qué no sabe, y aún menos será capaz de expresar lo que sabe». (La predicación universitaria. Punto 6).

John Henry Newman, La Idea de la Universidad. ll: 
Temas Universitarios Tratados en Lecciones y Ensayos Ocasionales, 
Madrid: Ediciones Encuentro, 2014, páginas 195-196.

“I think best when I write. I cannot in the same way think when I speak”

John Henry Newman. Apud Víctor García Ruiz, “Cor ad cor loquitur. El poderoso lenguaje de John Henry Newman, Scripta Thologica, 22, 2001/2, 441-462, p. 443

#Newman #literacy #writing

Seis claves para mejorar la #comunicación entre jefes y empleados (y profesor y alumnos y…) via @Conversation_E

Fernando Díez, José Antonio Campos y Luis del Val proponen seis claves para mejorar la comunicación entre jefes y empleados. Muy acertadas. A mí me parece que también son aplicables a otras relaciones.

Aquí están:

“Una cosa es tener razón y otra tener acierto”. Usted puede tener razón, pero no acertará si lo plantea de una forma inadecuada. Y, por lo tanto, conseguirá lo contrario de lo que pretende.

Esta afirmación es igual válida para un empleado que para un directivo. De hecho, es un principio básico de comunicación que hay que tener en cuenta a la hora de realizar una crítica o solicitar un cambio en el comportamiento.

La importancia de la comunicación y, más concretamente, dar respuesta de manera eficiente es fundamental tanto en la vida privada como en la laboral. De ello depende que la persona entienda y pueda mejorar una conducta. También, que no lo entienda y se enfade, aunque no tenga razón. Dar respuesta y hacerlo bien es más una ciencia que un arte.

Como decía Benjamin Franklin:

“Recuerda que no basta con decir una cosa correcta en el lugar correcto; es mejor todavía pensar en no decir algo incorrecto en un momento tentador”.

Tanto en el caso de los empleados como en el de los jefes, saber decir las cosas adecuadamente nos salvará de muchos problemas y malentendidos. De hecho, siguiendo una serie de pequeños pasos, podemos mejorar la eficiencia de nuestra comunicación notablemente. Es un proceso comunicativo que conviene cuidar. Recuerde:

“El que sabe pensar, pero no sabe expresar lo que piensa, está en el mismo nivel que el que no sabe pensar”.

Veamos los pasos que hay que seguir:

1. El lugar

Si vamos a hablar con una persona, necesitamos buscar un lugar adecuado para ello. Nunca se debe recriminar a nadie delante de otros compañeros y compañeras, y mucho menos de clientes. Esto daña directamente la relación entre las personas, además de humillar al compañero, empleado o jefe. Es importante buscar un lugar en el que no os moleste a nadie, siendo conveniente silenciar el teléfono y reservar ese tiempo para estar con la persona con la que quiere tener una comunicación eficiente. Preparar lo que se quiere decir y el planteamiento a seguir es decisivo. Decía Abraham Lincoln:

“Dame seis horas para cortar un árbol y pasaré las primeras cuatro afilando el hacha”.

2. La regla: Dos mensajes positivos y uno negativo

En vez de censurar directamente la actitud, el comportamiento o los resultados de un trabajo, merece la pena comenzar destacando aspectos positivos de la persona. Por ejemplo: “Pablo, llevas 10 años trabajando con nosotros y la empresa está encantada contigo. Has liderado varios proyectos con éxito y reconocimiento, tanto de los clientes como de la propia empresa. Sin embargo, en este último proyecto la empresa no ha quedado contenta”. Después de dar información positiva sobre su rendimiento, nos centraríamos en la actitud o en la conducta que queremos cambiar.

3. Hechos, no juicios de intenciones

La actitud, la conducta que deseamos cambiar debe ser acotada. En muchas discusiones se realizan generalizaciones, se estereotipa: “siempre llegas tarde”, “todo lo haces mal”, “no me gusta como trabajas”, etc…

Acotar la conducta implica referirse a hechos concretos. En vez de decir “siempre llegas tarde”, debe indicarse “el lunes llegaste 10 minutos tarde, el martes 15 y el jueves 20. ¿Es correcto?”. Esta forma de abordar el problema, sobre hechos concretos, evita dirigirse a la persona de forma global. “Siempre llegas tarde” es erróneo y lleva a la discusión y al deterioro de la conversación y de las relaciones personales. Sin embargo, indicar exactamente la conducta errónea no da lugar a discusión.

4. ¿Tienes algún problema en el que te podamos ayudar?

Conocemos la conducta, pero desconocemos las causas. Antes de aventurarnos, conviene preguntar: “¿Has tenido algún problema?” “¿Te podemos ayudar en algo?”. Si es una conducta que no se ha producido anteriormente, es probable que haya una causa razonable. Hay que dar la oportunidad al empleado para que pueda explicarse. Una respuesta que podemos obtener es: “Sí, nos ha fallado la persona que lleva a los niños a la guardería y he tenido que llevarles esos tres días. Ya está solucionado”. Es importante escuchar a quien ha desarrollado la conducta que deseamos corregir antes de tomar ninguna decisión. Es mejor esperar y prevenir que anticiparse y tener que disculparse.

5. Corregir el problema

Una vez aclarado el problema, hay que solicitar un cambio en la conducta. Y lograr que se comprometa con ello. “Si ya está solucionado, perfecto. En cualquier caso, te agradecería que, si vuelve a darse una situación como esta, me avises en el momento, por favor. ¿Estás de acuerdo?”. Si la respuesta es afirmativa, tenemos el problema resuelto. Si el problema es más grave, hay distintas opciones:

  • Un problema de salud suyo o de un familiar cercano. Se le puede aconsejar que solicite la baja hasta que se recupere.
  • Una separación o divorcio. Apartarle del proyecto en el que esté hasta que se encuentre mejor. Si lo necesita, solicitar la baja. Si la empresa ofrece servicios de asesoramiento, hay que ponerlos a su disposición.

6. Cerrar la reunión

Después de acordar la solución, es conveniente despedir la reunión poniéndose a su disposición para cualquier cuestión en la que necesite ayuda. Y se le agradece su dedicación y disposición para solucionar el problema.

Muchas veces no seguimos estos sencillos pasos, que son la llave del éxito en la comunicación interpersonal. Seguir estas indicaciones ayudará a resolver la situación que nos preocupa, nos ahorrará problemas posteriores y nos ayudará a mejorar la calidad de nuestra comunicación. Como decía Paul J. Meyer: “La comunicación humana es la clave del éxito personal y profesional”.

Despreciar o callar. No, hay una tercera opción… charla de @uadlup

La explica Guadalupe Nogués en esta charla pausada de 15′. Ofrece tres sugerencias.


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