Sugerencias a un doctorando (Tips for a PhD student)

Si has empezado a andar en la senda del doctorado, quiero compartir conmigo unas cuantas sugerencias que me ayudaron en mi camino doctoral:

  1. “Somos enanos a hombros de gigantes”, frase de John de Salisbury (siglo XII).
  2. Otra sugerencia muy útil: “no dar puntada sin hilo”.

En el DLE se define así esa expresión:           “Obrar siempre con intención, de una manera calculada, en busca del propio beneficio o provecho”.

Una conferencia puede convertirse en un paper. Una investigación inicial puede exponerse en un congreso y, luego, transformarse en un capítulo…

  1. No te enfades con nadie.
  2. Ser un “trapero del tiempo”. Así se calificaba a sí mismo, Gregorio Marañón cuando le preguntaban de dónde sacaba el tiempo para hacer tantas cosas.

“Él se ha llamado a sí mismo “trapero del tiempo” porque utiliza para escribir todos los recortes de las horas dedicadas a la Medicina, es decir -como recuerda su biógrafo, Marino Gómez-Santos-, minutos sueltos pero que, acumulados al cabo de una semana o de meses, resulta un tiempo considerable. De esta manera suele aprovechar el trayecto de su casa al Hospital para escribir en el automóvil o aprovecha también su viaje a Toledo, o igualmente los minutos que median entre la llegada del Hospital y la llamada a la mesa”. Blog Mi siglo.

“El intelectual madrileño es el único español que ha pertenecido como miembro numerario a cinco Academias: Española, Historia, Bellas Artes, Ciencias y Medicina. Dedicó los últimos años de su vida, después de su vuelta a la patria en Septiembre de 1943, a la enseñanza, al ejercicio profesional y a proseguir con su ingente labor creadora, aprovechando todos los minutos de su vida de tal manera que él dijo de sí mismo que era «un trapero del tiempo”. Diario Montañés.

Un amigo de Gregorio Marañón recuerda que así se calificaba a sí mismo.

De todas formas, conviene disponer también de mañanas o tardes, y días enteros, para la reflexión y la redacción.

  1. Averigua qué currículum debes lograr para pedir la primera acreditación de la agencia estatal (ANECA). Pero no olvides la sugerencia 9.
  2. Al redactar la tesis, “menos es más”.
  3. Escribe una página al día. “Hasta que uno no se pone a escribir, negro sobre blanco, lo que piensa acerca de un tema, no podrá asegurar qué sabe y qué no sabe, y aún menos será capaz de expresar lo que sabe» (J. H. Newman).
  4. Además de redactar con precisión y claridad en español, para difundir la investigación conviene hablar fluidamente en inglés y redactar en inglés académico.
  5. A pesar de las revistas de impacto, del factor h, de las ponencias en congresos internacionales, de la WOS, de Scopus, no olvides que estás en la Universidad, “Un lugar para la comunicación y la circulación de pensamiento, por medio de relaciones personales, a lo largo y ancho del país” (John Henry Newman, The rise and progress of University, chapter 2).
  6. Descansa. Aprender a descansar. Del blog de Javier Cercas:

Todo se resume en buscar equilibrio entre:

• Positivo/Negativo
• Descanso/Cansancio
• Devoción/Obligación
• Disfrute/Sufrimiento
• Reposo/Actividad
• Sueño/Vigilia
• Relajación/Tensión

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Ser un “trapero del tiempo”

Ser un “trapero del tiempo”. Así se calificaba a sí mismo, Gregorio Marañón cuando le preguntaban de dónde sacaba el tiempo para hacer tantas cosas.

“Él se ha llamado a sí mismo “trapero del tiempo” porque utiliza para escribir todos los recortes de las horas dedicadas a la Medicina, es decir -como recuerda su biógrafo, Marino Gómez-Santos-, minutos sueltos pero que, acumulados al cabo de una semana o de meses, resulta un tiempo considerable. De esta manera suele aprovechar el trayecto de su casa al Hospital para escribir en el automóvil o aprovecha también su viaje a Toledo, o igualmente los minutos que median entre la llegada del Hospital y la llamada a la mesa”. Blog Mi siglo.

“El intelectual madrileño es el único español que ha pertenecido como miembro numerario a cinco Academias: Española, Historia, Bellas Artes, Ciencias y Medicina. Dedicó los últimos años de su vida, después de su vuelta a la patria en Septiembre de 1943, a la enseñanza, al ejercicio profesional y a proseguir con su ingente labor creadora, aprovechando todos los minutos de su vida de tal manera que él dijo de sí mismo que era «un trapero del tiempo”. Diario Montañés.

Un amigo de Gregorio Marañón recuerda que así se calificaba a sí mismo.

“Somos enanos a hombros de gigantes” (We are like dwarfs sitting on the shoulders of giants…) (John Salisbury, siglo XII)

Frase que leí en este escrito de este querido filósofo.

Original:

“We are like dwarfs sitting on the shoulders of giants. We see more, and things that are more distant, than they did, not because our sight is superior or because we are taller than they, but because they raise us up, and by their great stature add to ours.”

― John of SalisburyMetalogicon Of John Salisbury

Un bello (y contundente) poema de Dámaso Alonso… “Mujer con alcuza”…

¿Adónde va esa mujer,
arrastrándose por la acera,
ahora que ya es casi de noche,
con la alcuza en la mano?

Acercaos: no nos ve.
Yo no sé qué es más gris,
si el acero frío de sus ojos,
si el gris desvaído de ese chal
con el que se envuelve el cuello y la cabeza,
o si el paisaje desolado de su alma.

Va despacio, arrastrando los pies,
desgastando suela, desgastando losa,
pero llevada
por un terror
oscuro,
por una voluntad
de esquivar algo horrible.

Sí, estamos equivocados.
Esta mujer no avanza por la acera
de esta ciudad,
esta mujer va por un campo yerto,
entre zanjas abiertas, zanjas antiguas, zanjas recientes,
y tristes caballones,
de humana dimensión, de tierra removida,
de tierra
que ya no cabe en el hoyo de donde se sacó,
entre abismales pozos sombríos,
y turbias simas súbitas,
llenas de barro y agua fangosa y sudarios harapientos del color de la desesperanza.

Oh sí, la conozco.
Esta mujer yo la conozco: ha venido en un tren,
en un tren muy largo;
ha viajado durante muchos días
y durante muchas noches:
unas veces nevaba y hacía mucho frío,
otras veces lucía el sol y sacudía el viento
arbustos juveniles
en los campos en donde incesantemente estallan extrañas flores encendidas.

Y ella ha viajado y ha viajado,
mareada por el ruido de la conversación,
por el traqueteo de las ruedas
y por el humo, por el olor a nicotina rancia.
¡Oh!:
noches y días,
días y noches,
noches y días,
días y noches,
y muchos, muchos días,
y muchas, muchas noches.

Pero el horrible tren ha ido parando
en tantas estaciones diferentes,
que ella no sabe con exactitud ni cómo se llamaban,
ni los sitios,
ni las épocas.

Ella
recuerda sólo
que en todas hacía frío,
que en todas estaba oscuro,
y que al partir, al arrancar el tren
ha comprendido siempre
cuán bestial es el topetazo de la injusticia absoluta,
ha sentido siempre
una tristeza que era como un ciempiés monstruoso que le colgara de la mejilla,
como si con el arrancar del tren le arrancaran el alma,
como si con el arrancar del tren le arrancaran innumerables margaritas, blancas cual su alegría infantil en la fiesta del pueblo,
como si le arrancaran los días azules, el gozo de amar a Dios y esa voluntad de minutos en sucesión que llamamos vivir.
Pero las lúgubres estaciones se alejaban,
y ella se asomaba frenética a las ventanillas,
gritando y retorciéndose,
solo
para ver alejarse en la infinita llanura
eso, una solitaria estación,
un lugar
señalado en las tres dimensiones del gran espacio cósmico
por una cruz
bajo las estrellas.

Y por fin se ha dormido,
sí, ha dormitado en la sombra,
arrullada por un fondo de lejanas conversaciones,
por gritos ahogados y empañadas risas,
como de gentes que hablaran a través de mantas bien espesas,
sólo rasgadas de improviso
por lloros de niños que se despiertan mojados a la media noche,
o por cortantes chillidos de mozas a las que en los túneles les pellizcan las nalgas,
…aún mareada por el humo del tabaco.

Y ha viajado noches y días,
sí, muchos días,
y muchas noches.
Siempre parando en estaciones diferentes,
siempre con una ansia turbia, de bajar ella también, de quedarse ella también,
ay,
para siempre partir de nuevo con el alma desgarrada,
para siempre dormitar de nuevo en trayectos inacabables.

…No ha sabido cómo.
Su sueño era cada vez más profundo,
iban cesando,
casi habían cesado por fin los ruidos a su alrededor:
sólo alguna vez una risa como un puñal que brilla un instante en las sombras,
algún cuchillo como un limón agrio que pone amarilla un momento la noche.
Y luego nada.
Solo la velocidad,
solo el traqueteo de maderas y hierro
del tren,
solo el ruido del tren.

Y esta mujer se ha despertado en la noche,
y estaba sola,
y ha mirado a su alrededor,
y estaba sola,
y ha comenzado a correr por los pasillos del tren,
de un vagón a otro,
y estaba sola,
y ha buscado al revisor, a los mozos del tren,
a algún empleado,
a algún mendigo que viajara oculto bajo un asiento,
y estaba sola,
y ha gritado en la oscuridad,
y estaba sola,
y ha preguntado en la oscuridad,
y estaba sola,
y ha preguntado
quién conducía,
quién movía aquel horrible tren.
Y no le ha contestado nadie,
porque estaba sola,
porque estaba sola.
Y ha seguido días y días,
loca, frenética,
en el enorme tren vacío,
donde no va nadie,
que no conduce nadie.

…Y esa es la terrible,
la estúpida fuerza sin pupilas,
que aún hace que esa mujer
avance y avance por la acera,
desgastando la suela de sus viejos zapatones,
desgastando las losas,
entre zanjas abiertas a un lado y otro,
entre caballones de tierra,
de dos metros de longitud,
con ese tamaño preciso
de nuestra ternura de cuerpos humanos.
Ah, por eso esa mujer avanza (en la mano, como el atributo de una semidiosa, su alcuza),
abriendo con amor el aire, abriéndolo con delicadeza exquisita,
como si caminara surcando un trigal en granazón,
sí, como si fuera surcando un mar de cruces, o un bosque de cruces, o una nebulosa de cruces,
de cercanas cruces,
de cruces lejanas.

Ella,
en este crepúsculo que cada vez se ensombrece más,
se inclina,
va curvada como un signo de interrogación,
con la espina dorsal arqueada
sobre el suelo.
¿Es que se asoma por el marco de su propio cuerpo de madera,
como si se asomara por la ventanilla
de un tren,
al ver alejarse la estación anónima
en que se debía haber quedado?
¿Es que le pesan, es que le cuelgan del cerebro
sus recuerdos de tierra en putrefacción,
y se le tensan tirantes cables invisibles
desde sus tumbas diseminadas?
¿O es que como esos almendros
que en el verano estuvieron cargados de demasiada fruta,
conserva aún en el invierno el tierno vicio,
guarda aún el dulce álabe
de la cargazón y de la compañía,
en sus tristes ramas desnudas, donde ya ni se posan los pájaros?

 

Disponible en Poemasdelalma.

Para mejorar la legibilidad de las sentencias (propuesta de Luis María Cazorla)…

Regla fundamental para la mejora de la legibilidad de las sentencias

Si alguien me preguntara cuál de todas las reglas generales de nuestro lenguaje y de las especiales del jurídico considero más fundamental para la mejora de la legibilidad de las sentencias no dudaría ni un segundo. Me quedaría sin titubeos con la de la estricta observación de las pres­cripciones gramaticales elementales del buen escribir; es decir, con aquello que recuerda algo propio del primer cimiento educativo y a menudo es olvidado: el correcto orden en la composición de las oraciones con el adecuado encadenamiento del sujeto, verbo, complemento directo, indirecto y circunstancial

Cazorla Prieto, Luis María (junio, 2016): «El lenguaje de las sentencias», Abogados, n.º 98, pp. 114-16).

Consejos para afrontar los exámenes (como cada año por estas fechas)

https://comunicarbien.wordpress.com/2016/05/04/consejos-sensatos-para-afrontar-los-examenes-dr-ortuno-clinicanavarra/

@fundeu nos recuerda cuatro claves para escribir verbos con pronombres #español

Ante las dudas que genera la escritura de las formas que resultan de unir a un verbo uno o varios pronombres (iros, démonos, pongámoselo, etc.), se ofrece a continuación una serie de claves, en función del pronombre que se agregue.

1. Con el pronombre nos

 En formas verbales acabadas en -n. Se mantienen las dos enes cuando se añade a una forma verbal terminada en –nden > dennosmantengan > manténgannos. Estas formas corresponden al plural con ustedes, mientras que con el singular usted el verbo no acaba en ene y, por tanto, solo hay una: de > denos, mantenga > manténganos.

 En presente de subjuntivo. Se pierde la s del verbo de la primera persona del plural del presente de subjuntivo: demos > démonos, y no démosnos

2. Con el pronombre se

 Con verbos acabados en -n. No se traslada ni se repite la letra n al final del conjunto formado por el verbo que acaba en ene y el pronombre: sienten > siéntense (no siéntesen ni siéntensen).

 Con formas verbales acabadas en -s. Se simplifica la s cuando el pronombre se une a una forma verbal terminada en -s y que lleva además un segundo clítico: pongamos > pongámoselo, no pongámosselo.

3. Con el pronombre os

 La –d final en el imperativo. La segunda persona del plural del imperativo vosotros pierde la d final cuando se le añade el pronombre ossentad > sentaos, y no sentados.

 Idos, mejor que iros. Se considera una excepción la forma idos, segunda persona del plural del imperativo del verbo irse, que mantiene la d. En este caso, también es válida, aunque menos recomendable, la variante iros.

4. Acentuación

Se recuerda que las palabras formadas por un verbo con uno o varios pronombres añadidos al final se acentúan según las normas generales y con independencia de si la forma verbal que las origina lleva tilde o no: pongámoselo (y no pongamoselo, aunque pongamos no se acentúe) o, en el caso del voseo, mantenenos (y no mantenénos, aunque se escriba mantené).


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